miércoles, 2 de mayo de 2007

Charlie Parker

(Un Cuento, un video)


Esta tarde (2:42pm); el Sol no aparece y el día es secreto como las voces que escuchamos en nuestros sueños. Me siento frente al computador, irremediablemente mi cerebro se adecua a la maquina entre la música que escucho, el tecleo sordo que proviene de mis manos, algunos artículos y ensayos sin ninguna importancia y que leo con desdén. Después de una búsqueda inútil de cierto tratado de vieja teología encuentro un video en el cual Julio Cortázar lee su cuento "El Perseguidor", de su libro Las armas secretas, se escucha su voz, sus falsas “eses” y deficientes “erres”. Suena de fondo un melancólico Jazz; me gusta pensar que estoy en un gran salón como en el cuento de Cortázar, en una de esas audiciones para escuchar "Amarous" o "Streptomicyne" y que a mi lado está la fragíl Dédée y Art Boucaya tan impresionados como yo. Había leído este cuento hace algunos años, recuerdo que era una noche en la sala de mi casa, tenía en mis manos una fea edición venezolana de tipografía mediocre. Pero ahora soy parte de la historia, no tengo por qué esforzar la vista para leer cada transparente línea en pésimo papel de recorte; sé que el pobre Charlie la ha pasado mal, y aunque sus discos "se venden como la Coca-Cola", Charlie ha perdido su SaxoAlto, lo ha dejado en el tren cuando iba a casa, lo ha dejado en ese tiempo malsano que ha descubierto en la velocidad y el espacio incomprensible de los rieles, lo ha dejado en su incesante locura y en la heroína; no ha tenido dinero para comprar otro y ahora nos toca con un Sax que creo le ha conseguido Art, pero tal vez me equivoque.

-"¿Te ha gustado Rubén?" -.
Extraordinario Charlie -le digo, todavía con asombro-.

Alternativamente pasan fotografías del viejo y maravilloso Charlie Parker y en la voz de Cortázar todo sucede: Charlie fumando, Charlie con la boquilla de su saxofón en la linea directa de sus labios, Charlie con su banda, Charlie con sus ojos insufribles, su triste sonrisa y su Jazz infinitamente culpándonos. Charlie, Charlie Parker, es el mismo Johnny de Cortázar, con los poemas de Dylan Thomas en el bolsillo, pensando: "Oh, hazme una máscara".
Charlie Parker murió el 12 de Marzo 1955, allí está el recorte de periódico que una vez recogió Julio Cortazar en París, y allí está El Perseguidor. Pero ahora soy yo quien escribe y Charlie Parker sigue tocando como si estuviera en aquel club de la calle 52, el "Three Deuces", eso queda en Kansas City.