jueves, 7 de junio de 2007

Siendo el mismo hombre tan aficionado al destino

No puedo comprender el día que todavía pasa, continua sin bordes, inacabado en su semejanza de horas, me vuelvo hacia la piedra todavía en el recuerdo de lo que será eternamente, permanezco solo, reunido a la luz en la imagen antigua del silencio, sin memoria para soñar. Mi vida es el culto a un inútil misterio que se acaba en la inocencia real del tiempo. Escribo en doble contemplación; en la generosidad e ironía del olvido y en la heredad del asombro, ¿Por qué dudar de la espera? Esa claridad del destino, es la misma pasión de ser hombre, es la más tierna lentitud hacia el ser que se acaba, es el espíritu en tiempo resumido. Por qué no vivir en el tiempo imperfecto, por qué no hacer de las horas alimento terrestre para el olvido, destruir la ciencia del tiempo útil y convertirnos en hermosos creadores de lo absoluto triste, de la libertad por la desilusión del universo; concebir la soledad a través de estar solo, fieles. El instante será la misma esencia y el fin.Abandonaré la búsqueda de certidumbres, me juntaré en el crepúsculo del sueño de la resurrección, y diré adiós; será el único acto de mi espíritu, mis ojos dejaran lo visible en el bien, mi corazón en la sombra de aquel huésped, sin geranios. La caída será leve y sin patíbulo, ciego reiré.
¿Qué ha hecho el tiempo? Nos ha mantenido en el silencio de tener virtudes, y en la luz que es espejo de la nostalgia como el día es espejo de la única montaña, sentía lastima de mi pasión por la belleza, el ruego de su finalidad bastaba para llorar, lejos, en la sombra de la timidez, culpable de toda la moral y de todos los miedos; lo que ahora somos debe vivirse como el instinto que previene la escasa lluvia.
Descansaré de los días, sólo quedará el incienso oscuro de una elegancia perdida.Mis manos sintiéndose racionales en el asir apacible, volvían a su permanencia como el ayer sin ámbito, huían al signo de su tristeza y del cielo caía la sombra tiernamente de su ídolo, era el lugar en donde jamás un año existiría otra vez. ¿A dónde voy si es perfectible estar aquí?; cierra los ojos ¿Es más importante la voluntad al dolor?.La misma piedad de las palabras llevaron a seguir mi destino, cada palabra pronunciada por mí, en mis labios, era una nueva resignación que significaba una nueva trivialidad en el mundo cansado de ser el mismo como el mar; pero me consolaba la inacabada ausencia aun más lejos de mi juventud, de la circunstancia sin el amanecer. La certeza era viva, ayer era todavía más allá al miedo que escribiré.El día se acaba, la ciudad se refugia en el más confeso silencio, aún lo olvidado no puede desaparecer, pero las sombras ya ni siquiera son una amenaza. La indiferencia recomienza todos los instantes y el secreto como si fuera yo mismo vuelve a comenzar; es otro día y al mismo tiempo es la calma o el regreso. Cualquier hombre es culpable y escogido en su tristeza.Un hombre necesita dormir lo justo, ya no se puede morir solo, la realidad es excesiva; duerme, todo existe para que el hombre sueñe, y no es un Dios y no se fuga. Por eso la felicidad se cumple en esa delicada e incesante igualdad al pasado, todo lo demás es quietud, son sus voces prevenidas de la verdad.Cuando tiempo después concebí el silencio, no podía volver al instinto, hasta las palabras asumían esa misma eternidad conciliadora de los recuerdos; pero lejos, aun más lejos, el lenguaje era el mismo destino.El hallazgo está perdiendo pureza; nada se quedará consigo mismo en el porvenir, pero todavía podemos aprender de la razón como cenizas sobre el espejo. Al fin estaré tranquilo de la esencia y de la elegancia de su pliegues.Pensemos en nuestras desilusiones, y enternece aun más la ilusión de ser feliz. Aun así, después de creer en la palabra, todavía esta no es una imagen, y nunca lo será sin el tiempo pasado que decía el dolor del ultimo hombre.La costumbre no tenia cielo para vivir, el mundo de espalda se retiraba, no había confianza en el hombre y siguió en la arena; sólo se podía escuchar el mar: “la vida se asume”, “esto no está bien”, “y pasaba el día por el viento”, y entre la perfección y la naturaleza extinta aun estoy hoy, como ayer, suficiente. Conocía la ternura del adiós sin recuerdos, veía a los hombres sacrificar sus venganzas, arrepintiéndose ante el paisaje después de la inmensidad; yo no podía convertir la angustia en el asombro siendo el mismo hombre tan aficionado al destino. Sin embargo, no me interesa ser mejor si la duda pasa advirtiendo el otro costado desnudo y sin volver, si el vicio es triste y el azar sustituible porque todos se han ido.Alguien recoge el castigo deshabitado en el claustro más antiguo de la Iluminación. No dejaré memorias.Lejanía solitaria, la necesaria memoria aun en la vida donde no se asume.

Publicado en el diario El Periodiquito. Contenido Literario, página 26. Sabado 07 de Abril de 2007.

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