martes, 31 de julio de 2007

Poemas solos en mi conciencia

El pequeño anillo de la vida

Solo un
trago de tu risa,
escuchar una vez más
el gemido de la soledad que te busca,
que te ha buscado desde niño.
Tu desnudez nunca más
confundiré
con la humilde oscuridad que guardan los caracoles.

Tu voz,
quiero sufrir tu voz,
cuando mi fuerza tiempo sea
de tu cuerpo
pero tus piernas rezan el placer
muy lejos.

Nuestras edades ya usadas
vierten en las sabanas otra vez la claridad.
Tu cuerpo...
el tiempo cansado de la distancia.
¿Quién toca a la puerta?.

La destrucción de la más ridícula escena

Ella estaba sentada
Sobre
su minusvalía
para amarme

la palidez
queria abrevar en mi pecho la
abofeteada espuma.


La fuente, las personas vestidas,
la basura en las esquinas,
mientras los periódicos morian en el viento.
Y la ausencia mas clara
que se resistía
mientras leía su carta enviada desde Singapur,
así pasaba la noche
sobre el final de un jardín elevado
y continuaba yo mismo
sin recordarme
la soledad.

El mundo magnético de su beso
palpitante de ciudad.
Pienso en mi
solo en el camino de la intemperie.


Lienzos oceánicos
todos los caminos de destructora
estática
en el único dolor que era el tiempo
cual vuelo físico del corazón

Las agonías de mis manos se aman.

Coágulos del silencio mientras la soledad ríe
las miradas tibias
la libertad cae sin manos.
Las cosas lloran en espacios
eternos.
Y yo en el silencio que no soporta a los hombres,
la noche traerá la Poesía
la memoria obedecerá.
En el tiempo la vida,
la palabra desconocida por mi
para contarte.


Lejos pensamiento

La soledad es ¿qué?
¿la nada como el instante
de ayer y de hoy
en el cuerpo o como la incomprensión
de los días que regresan y me dicen: "No mueras"?
Desnudo que quiere irse para siempre o para volver sin libertad.

El cíclope se aleja.

En lo profundo hay un hombre y el amanecer
que traiciona lo indefinible de las cosas y
rie en la soledad de los niños.

Morir y vivir: Injusta pasión.

El reflejo y la sombra
amanecen
en la única tranquilidad
que es la muerte
y toda la paciencia con mirada
de odio.

Jesús le susurra al tiempo.

La noche se asemeja a todo el ayer
sin recuerdos
y aquel hombre soy yo.

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