domingo, 23 de septiembre de 2007

Pasión


Deja esa claridad
sobre tu cuerpo,
no sientas que mis manos palidecen,
que te abandonan.
Siento tu respiración
en círculos de lujuria
perfecta.
¡Quiero sufrir tu cuerpo!
La naturaleza infinita de tu placer,
incesante espejo derrumbado
por las horas.
Y tú, real.
¡Desnúdate sin felicidad!
Lo que miro es el origen que denuncia
Mi palabra.
Es la misma serenidad de tus ojos:
mirar, mirar buscando el asombro,
la redondez de lo sagrado y vacío,
el hecho eterno y sin eternidades,
la imagen de tu cuerpo ahora sin fin;
no perderé el tiempo contemplando el mundo sin mirarte, te hablaré en arameo,
golpearé a la luz solo para imaginar
el deseo abrevado sin ti.