sábado, 23 de febrero de 2008

La traición y la causa
(Jack Kerouac lee "On the Road")

Es un proceso difícil el de conocer el tiempo que sucede en cada instante perseguido por las palabras, pasas horas y horas en la misma incomprensión y hasta a veces sin saber que todo pertenece a una lucha sin sentido por lo mismo que no tiene fin, porque el tiempo es un infinito en donde la nada y el todo se juntan. Algunos hombres, y me cuento entre ellos, renuncian a la búsqueda de certidumbres, entonces, cada segundo se destruye en una tímida explosión interna contra las cosas inmoviles (la costumbre) y re-aparecen como intensos suicidas de un bien que sólo ellos conocen y que repiten una y otra vez hasta el olvido; estos hombres abandonan la búsqueda de cualquier certeza y prefieren hacerse de un estilo próximo al tiempo maniquí e indiferente que vive en su brevedad eterna. Tengo la idea de que el mejor estilo literario en este sentido se encuentra en el escritor norteamericano Jack Kerouac. Su prosa aunque estrecha en situaciones es libre en el dialogo de sus personajes, cada uno de ellos es una referencia a la libertad del hombre común, porque los hombres comunes también puden ser libres. La literatura del futuro está en el lenguaje, en las conversaciones en un bar, en lo que se dice en los autobuses, en el sentir de cualquiera sin ambiciones, ¿Quién se atrevería a narrar las preocupaciones y cuestionamientos de un cientifico que busca la cura contra el cáncer?; con esto no quiero decir que lo mejor sea escribir una novela que trate sobre el diario de una prostituta caraqueña, simplemente es la convicción de que las palabras merecen libertad más allá de cualquier idea, psicologismo ó sociologismo intelectualizante. Los personajes estan en sus palabras y no al revés.
Todo esto me hace pensar en algo así como una literatura civil pero vagabunda, errante, una literatura para la traición a la cultura, el tema: Latinoamerica (¿Qué hace un escritor mexicano relatando e imaginando personajes en los días en que calló el muro de Berlín?), aunque siga siendo barroca detrás de un montón de causas como aquello de que el tiempo y la arquietectura es todo el paisaje y definen la vida ó el destino de los hombres. ¡Al diablo con Carpentier!.
Debe ser tan simple como lo dice Dean Moriarty en "On the road": -Sigue, todo lo que haces es bueno. -¡Sí! ¡Eso es! ¡Valla! ¡Fuu! -Y, secándose la cara con el pañuelo, añadía-: ¡Muy bien, hombre! ¡Hay tantas cosas que hacer, tantas cosas que escribir! Cuánto se necesita, incluso para empezar a dar cuenta de todo sin los frenos distorcionadores y los cuelgues como esas inhibiciones literarias y los miedos gramaticales...

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