lunes, 17 de marzo de 2008

La vuelta a la realidad en ningún día
(Prologo a un libro de Boris Bueno que todavía no ha escrito)

Nada, es evidente. Pero seré realista, aún más realista que ayer: por qué no poder escribir sobre lo que no existe todavía, sí la realidad es excesiva y a nadie importa que los seres y la belleza del mundo estén perdiendo pureza, el prologo a un libro que no existe no sería paranoia, ni ficción, ni vanidad; del tiempo y el pensamiento nace cualquier cosa. Allí estan las ciudades invisibles, las axilas voladoras, los caballeros sin armaduras, esferas en medio de los mares, el eterno movimiento de las sombras y todos nosotros enfermos pero vivos entre segundos, minutos y horas.
Lo único que puedo decir para comenzar es que no todo prologo se escribe con los ojos abiertos.
Nada puedo escribrir sobre lo que es, porque nada es, nada hay, ninguna palabra escrita sobre papel. Escrito está sobre su nombre todo lo que será, pero yo estoy antes, aquí delante de lo que pueden ver solamente mis ojos. Puedo ver la realidad cautiva en este brutal segundo sin pasado. No habita nadie pero Boris Bueno permanece en algún lugar, sobre su ausencia.
Este libro que no existe, no estará hecho de palabras, sino de otras palabras culpables, profugas.
La palabra "tema" debería desaparecer del español, es inutíl, inerte, vacía, es asfixiante, es asesina de su propio origen. No hay "temas" solo está la realidad inmensa y voladora y el hombre a pie del lenguaje en el umbral de su consciencia.
Todo lo que queda es libertad para escribir, Boris Bueno es el hombre más libre que yo he conocido. Aunque para él hasta la esperanza es un concepto, diría que un concepto inventado en las iglesias por discipulos de San Gregoriano, éste libro que todavia no existe pero que ya es un hecho en todas sus desapariciones, entre belleza, libertad, finalidades y espejos como telones está (debería decir: desparrama) todo este libro que todavía calla porque busca silencio para mejores capitulos y portadas.
Este escritor cautivo pero fiel, meditabundo y maltrecho, obsesionado, sardonico, intimo publicista, hombre de las más hermosas contradicciones, traficante de sus mismos hechos, impudico idealista e ideologo de la rabia y la luz; está aqui y esperará el amanecer que no era hasta el fin y muchos lo llamarán comienzo.
La realidad no puede; volvemos, pasamos y regresamos, para Boris Bueno es ningún día.