jueves, 10 de abril de 2008

Rubén Darío:

Es, en un mundo de ninguna novedad, una certeza. Que bien tenerte, como una advenediza ciencia, que siento como propia. Hoy, eres un celada de la premonición y esclavo de la letra escrita, que cuando te prefigura o te nombra, huyes. Distinta hubiera sido mi hora, de haber formado parte del inventario de tu asombro.
Dices de iconoclastas, y eres un abismo suave de éteres y demonios, que anoche, cenaste con mi sombra?
Te hubiera reconocido Rubén, cuando tome sus ojos de un platillo que no era obligación. Ya todo se ha escrito, y mi itálica sonrisa de madera de barco, agradece tu furia, como un prologo.
Siendo cartesiano, se que tengo otros deberes distintos y mas altos al de publicar mi libro, y aun estos, son fútiles y necios, ante el mayor de ellos -transformarme a mi mismo-, y así este ultimo seria, superior a aquellos, si y solo si, me presto a un fin mayor, produciendo algún beneficio humano. Como Descartes, me dedique al estudio de la elocuencia y la poesía; pero comprendí que estos son dones del alma y no frutos del estudio. La filosofía no esta basada en certezas, y cualquiera que se haya dedicado a ella, me supera en fama y nombre. Solo es útil, para demostrar mi inteligencia, ante los menos sabios. Y entonces: ¿qué resta? : una transformación personal, cuando bien? seamos francos y sirvamos al momento cuando menos. Y atémonos al lugar común, de al menos ser felices, sintiendo que cumplimos con un deber intelectual primario, de ser lo que debemos, sabiendo que somos.


Boris
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Boris:

De la amistad tengo el derecho de decir y hablar, que no es lo mismo, valiosisima distinción, porque cuando tengo que decir lo hago desde la forma de la imaginación de mi mundo desnudada en palabras; cuando hablo enfrento mis palabras con la materia que es la tierra, es el mismo problema mundo-tierra en el que insistía Heidegger, hablar con las demás personas es decidirse por un lenguaje, el tuyo propio ó el de ellos que cuando callas escuchas inmóvil.
Ahora que lo pienso tu y yo no somos amigos; la amistad es un porque pero no sólo por simpatía, ni resignación. Tú y yo fundamos una realidad sin herencias, sin infancia y no vayamos a dejar recuerdos sin haber creado primero.
Hace algunos días escribí un prologo a un libro que todavía no he leído, el tuyo, del que ni siquiera existen sus páginas plegadas unas a otras. Y ahora como en aquel cuadro de Dalí donde una mujer levanta el mar como se levantan las alfombras, tú, autor inedito y sin prisa, respondes a mi decir y escribes algo que yo llamaría un prologo de prologo a un libro muerto.
Con todo esto te digo mi buen Boris que la materia de la que haces tu mundo es consustancial en sublimes coincidencias, desde tu radical realidad me llamas, desde el interior del espíritu que necesitas te despides, pero todo el tiempo te alejas de lo que es real como un carbonero y sus fantasias, por eso, cuidado con lo que dices ¿o hablas?.

Rubén