lunes, 5 de mayo de 2008

¿Soñadora, qué tanto piensas?

Poco me importa ó casi nada Luis Eduardo Aute y su canción; es que la metafora está en Ella misma, lo que siento se asemeja más a la mujer que canta. Lo mismo sentiría Lautrec por Jane Avril. Es la sombra que se abre por sus manos y termina en el sueño de amar secretamente como las distancias aman el fin y sin regresos.
No le conozco y la verdad es que pudiera pasar todo el día viendola por esta ventana de ojos azules, (como en realidad lo he hecho) y decir con mi voz que siempre callará: Ella es así, no ha cambiado.
Imagino, puedo imaginar, tal vez, supongo, quisiera, pudiera ser, que Ella sea una española que ha tomado clases de música en su adolescencia, que su madre le ha obligado estudios musicales porque las niñas lindas deben conocer a Mozart. Pero que se aleje de Schumann, ¡ese degenerado! - decía su madre -.
Mientras Ella veía pasar sus manos como una libertad ausente porque todos le observan, porque nadie se ha ido de la fiesta, porque Madrid o Barcelona son ciudades a las cuales le gustan los pianos. Tiempo después Ella sería una mujer con un talento aderido a un silencio de niña: que son los peores silencios.
No, no pudiera ser así. Puedo ver que a ella le sobra belleza y le falta tristeza para que se repita esta escena.
Tal vez Ella es latinoamericana y ha tenido que ir a España, porque hay un aire que todavía no puedo palpar en Ella, que siempre me lleva a España. Ha tomado un avión hace dos o tres años, ha conocido a muche gente, entre ellos un fotografo mediocre que vive en Madrid. Una noche, sus amigos le han pedido que vaya al piano y les toque algo. Ella está anamorada, pero nadie lo sabe. Por eso la canción, por eso el viaje a España. Su amigo le ha filamado secretamente mientras los demás callan. ¡Que silencio! - decían quienes la veían -.
Es el piano más humano en su forma y en su esencia. ¡Que lo toque un guitarrero!.
Esteticamente es triste y hermoso. Los cuadros arriba, penosamente malva, la cal en todos los muros de la casa, el piano a un lado de la puerta en la que se ve un Sol transversal y sin ambiciones, la partitura puesta en el atril como si nada, como si sus manos la rechazaran para que sólo ocurra el deseo como un recuerdo, ese pequeño recuadro donde unos niños juegan en el parque Güell que adorna la memoria músical de su esfinge y que yo solamente puedo ver. La franela tejida que lleva puesta y que se acerca a un rosa descendente como la lluvia. Su rostro huye de mis ojos como un gato neblinoso.
Sus movimientos imitan la soledad húmeda de los campos. Y Ella entre amarillos, azules, verdes y veintitres tipos de negros saluda al tiempo que nos reúne en este encuentro de almas cansadas de mirar afuera. ¿Es su sombra?. La inmesidad de una mujer sola con su perfil y la música triste por la eternidad de su voz cansada entre universos y la pureza que no se ve. ¡Soñadora que tanto piensas!, tu sombra se parece al infinito.
Nadie sabe su nombre, nadie sabe si vive, pero allí está la imagen de una mujer en el sentido abismal de la palabra. Cualquier mujer... No, Ella no.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hermosa descripcion amigo mio, puedes contarme entre las almas cansadas de mirar afuera. Supongo que tendremos que lidiar con la pesadez de la cotidianidad y esforzarnos por encontrar lo hermoso en los rincones mas alejados del hastìo, como aproximadamente lo acabas de lograr tu. Saludos! Ivan.

Carolina "Marolk" Hernandez dijo...
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