sábado, 21 de junio de 2008

Anochecido Sol
nacistes de tus años alejado,

mi sumergida masturbación
buscaba redonda tu monasterio elevado de penumbra
¡Admírame!
¡Ya llueve sobre lo que derribamos!
y lo segundos agónicos
brillan

afuera y adentro.

Sobre mi ventana un caballo murió de soledad.





Años abandonados

por las sombras y sus ojos.
El silencio era arenisca
desaparecían como permanencia,
sus ascensiones nadie las juzgaba
por lo que hizo.

2 comentarios:

Pat dijo...

Un vuelo sin alza...

Rubén Darío Carrero dijo...

Un vuelo alto y torpe tal como aquella mariposa que me amaba y se hizo piel sobre su espalda y tambien tuvo alas.

Perdoname el tono confesional.
























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