domingo, 12 de octubre de 2008

De cómo amar a una mujer sin decir “te amo”


El problema de amar a una mujer es que pasan los días y las palabras permanecen intactas, inmóviles, verdaderas, actuales, todavía puras en su conciliación con el mundo, permanecen a lo largo y a través de todos los instantes, es una continua relación morbosa la de las palabras de un hombre enamorado con su existencia de ser enamorado. Existen realidades, existen palabras y existen mujeres; cuando es amado todo aquello se compone la materia de ser hombre.
Cuando un hombre siente amor por una mujer, el amor sustancial del presente y en todos los recuerdos hasta morirlos, uno ve a esa mujer como un fin útil para destruir el tiempo, para destruir el pasado como tiempo mejor, para dar tus manos con celo si eres vanidoso, para reír de todo si todo lo has hecho mal, para encontrar el instante en ese cuerpo inerte que es el tuyo, para desnudarte ante ella con toda la razón hasta ahora puesta en el olvido como los barcos que se hacen a la Mar.
La soledad que se desprende del mundo eres tú y así como el Mar tiene su propia soledad el hombre también, y en los paisajes, en las candidas borracheras, en el silencio de las noches, en el calor de las tardes, eres tú y tantas veces tú como puedas asistir al error, al pasado, pero sobre todas las cosas, asistir a lo que estas viendo: tus manos, la pared de enfrente, las palomas sobre el tejado, el televisor, la noche, el polvo de la lámpara, la luz que aparece más atrás; sobrevives, resistes conciente de que solo hay un principio y es la nada; todo es un comienzo, hasta después de un siglo, es la desesperación metódica, la pasión del hombre por su finitud, el irracionalismo lógico occidental por sufrir. La soledad en la carne. Huir, huir, huir del hombre y del mundo de las cosas. Amar a una mujer es el exilio ideal, fiel a estar solos pero no de soledad humana, sino, del mundo imperfecto de las cosas, quiero explicar(explicarme) algo en lo que conceptualmente afirmaba y creía Nietzsche, el amor "un desbordamiento hacia algo ilimitado"; así todas las mejores propiedades de las cosas mas maravillosas y perfectas que consideramos en el mundo se juntan en solo objeto, y así amamos.
Se dice que el “amor” es una construcción cultural que empezó con el amor cortés pero ahora sólo quedan mujeres y hombres que apenas pueden ver sus manos como especies carnívoras de un tiempo que no deja de ser fin ó regreso. Por eso, este es mi signo: Donde hay una palabra hay solamente un recuerdo. Pero donde está una mujer las palabras se convierten en absolutos reveladores de una realidad mítica, un símbolo como herida de la imaginación religiosa de todos los pueblos ya sea traición, heroísmo, posmodernismo tardío, erotismo, cansancio. Lo cierto es que una mujer es el renacimiento de dos Almas, la conquista de una cultura más elevada, la moral del cerebro trasmutada es sólo mirar al vacío de la finitud esencial que es el hombre, una representación mitología, el deseo convertido en dioses que regresan para de nuevo renunciar, la vida del último hombre en todos los hombres, la historia del placer y los días, el culto de una humanidad creadora para si misma; la especie obtiene su perfección. El mundo amado por los hombres sin el castigo del cristianismo. De esta manera el hombre es el único estilo, entonces, la verdad debería ser el lenguaje.
Tal vez debería buscarse una moral, una reglamentación basada no en fundamentos religiosos ni a través de la experiencia individual que siempre es ambigua e interminable, sino, basada en un código humano con el espíritu expuesto y de alta valencia emocional, un contrato firmado sobre un pájaro, es lo que yo llamo amor material y que podría sustentarse en el materialismo dialéctico de Marx. Entender lo que “me gusta” como un proceso de conciliación con el hecho que en realidad de verdad lo que “me gusta” es completamente discutible en el plano de dos seres humanos que se aman. Amar científicamente como una operación justa y rigurosa a partir de una premisa originaria como por ejemplo: “Yo te necesito” surge un concepto del alma, una ideología que establezca los casos de la conciencia mutua e individual en la convivencia, sexualidad, respeto mutuo, laboralidad ó profesionalismo, femineidad, distensiones, vicios, argumentos, amistades, discursos, gustos, placeres, recuerdos, historias, vida económica compartida, sociedad abierta ó cerrada y todo aquello que pueda inventar el imaginario concreto de las pasiones y la razón practica.
El amor, el verdadero amor, el amor de todos los tiempos aún más envejecido en un nuevo hombre y en una nueva mujer, ese amor impide los recuerdos, la espera, la nostalgia, el deseo de la muerte que hay en todos los seres; todo se convierte en una continua pasión morbosa por estar juntos y por las mismas palabras y por las mismas manos atacándose en el destino frágil que ha unido a cualquier mujer y a cualquier hombre en la relación de sus vidas, breves, monótonas y vacías, porque todas las vidas son breves, monótonas y vacías. Es así como recordar el amor por una mujer no es amar, es la práctica del hombre por ser algo extremadamente concreto, por deshacer desesperadamente el tiempo de la resignación en lo que se ha heredado: una mujer y el esmalte del ayer.
“Desde que hablo, las palabras que he encontrado, desde el momento en que son palabras, ya no me pertenecen, son originariamente repetidas”; oportuna reflexión de Derrida y una gran oportunidad para comprender el estado del amor más allá de un proceso bioquímica alterable y pasajero concepción con la cual no estoy de acuerdo. Las palabras envejecen al corazón; aquel amor ideal pero posible y realizable en estructuras básicas sociales que profundicen o superen la institución de la familia y que mantenga el espíritu humano en completo asombro entre uno y otro individuo porque el Ser no debe perderse cuando decimos “Nosotros dos”, sería aquel que crea palabras e inventa un nuevo lenguaje para amar, crea nuevas formas expresivas que lo eternicen todo y puedas vivir infinitamente el primer día como el último hombre. Es como decía Rimbaud: “Hay que reinventar el Amor”. Si no hay mujer, no hay nuevo lenguaje, no hay idioma musical, todos los adjetivos serían barrotes de una cárcel del lenguaje.
Si mientes a una mujer, si le mientes a la belleza, a la verdad, si le mientes al océano le mentirás al mundo: eres nada, y solo deberías esperar la muerte para que alguien escupa sobre tu tumba.
Las mujeres es mí única fe aunque se comporten igual que los dioses.
Lo más importante de estar enamorado es Ser enamorado; existir por ti y por la verdad, por los grandes ideales de la vida: el universo, una sociedad esencialmente justa, la muerte feliz y amar a una mujer. Es la moral de Ser consciente de las finalidades humanas. Allí está Walt Whitman y su sospechoso “Canto a mi mismo”.


Le dice a su amigo amado:

Quédate conmigo este día y esta noche y serás dueño
Del origen de todos los poemas.

Y más adelante:

Estas cosas me llegan día y noche, y después me dejan,
Pero no son mi YO.

Clamoroso poeta de la belleza por la belleza, Whitman conoce la verdad de Amar, la revelación del mundo a través del hombre que ha sido fijado en su propia consciencia de ser uno y ser varios, ser uno solo incierto pero posible.
Es un crimen decir que el hombre es un ser para la nada y es apenas legal amar a una sola mujer. No puede amarse a una mujer en toda la vida, la humanidad jamás ha podido amar a un solo Dios; amas el instante, la renuncia, el instinto ó el todo neblinoso pero nunca podrás amar a una sola mujer, porque una mujer no es el viento y la conciencia de un hombre en su intima soledad son un millón de mujeres que te buscan.
Cuando uno está enamorado amas antes de los cuerpos, de la vida de los cuerpos y las eternas sensaciones, amas antes de la realidad, te amas a ti mismo y no te conoces, amas el recuerdo que habla de ti mismo y que busca imitar a la vida y solo pasa el tiempo y eres simplemente tú en actitud de ausente oficiante; amas a la vida en la necesidad de ti mismo, de una búsqueda sin límites. Amas porque no puedes ya amarte tanto y tantas veces en el instante que ahora se pierde en esa estupidez de creer en el “Yo”. Aprende esto hombre de la costumbre: si amas, el “Yo” es una hipótesis.
Ningún átomo de mi cuerpo le pertenece a nadie, YO amo atómicamente: en los besos, en el fondo de una caricia, en la falsedad entre el principio y el fin de la pasión, en la realidad de ambos, en amar, en comprender el sueño realizado que nunca será, en sentir. No puedo ser enemigo de mi cuerpo, las sensaciones son dos siglos que juegan al hombre y a la mujer, el corazón es interminablemente lo que siente, ni siquiera la razón puede destruir el pasado sentir de los amantes. Todo es generado por nuestros malditos sentimientos que nos engañan como decía Nietzsche.
El amor existe y existirá sin fin, como el lenguaje.
El mundo es lenguaje: la mujer es el verbo, esa palabra que signa interminablemente lo que es y lo que va siendo como las olas sobre la arena. Es como aquel niño en un poema de Vallejo que juega a los pliegues en el sexo de una mujer.

“Ella no está, pero permanece incesantemente en lo que soy”, me ha dicho un amigo. La mujer es el verbo en espacio infinito. ¡No hay nombres!, es ella y el tiempo. En el lenguaje de la mujer solo existe el tiempo gramatical del pasado, el presente y el futuro solamente son escrúpulos, dudas, vacilaciones. La mujer ha inventado la incertidumbre. Esa ha sido más o menos mi respuesta a aquel triste y exasperado amigo. Cuando uno está enamorado, la realidad se hace lenguaje y alimentas de palabras la vida posterior al ser sin amor; es el mejor alimento terrestre para sentir ¿Debería decir “existir”?.
Si dices “te amo” acabas con el lenguaje, en tales palabras resumes el tiempo y destruyes el principio y la continuidad libre en el espacio de ambos, y no hay más calma, es el origen de la mentira o el fin; si dices “te amo” el lenguaje prevalecerá y perderás tus manos (desaparecerán) solo para decir: ¡Abrázame!.
La cabeza y el corazón batallando prosiguen. Hay que amar a las mujeres mientras todavía nos quede el lenguaje, pero mejor deja que la pasión se confunda con la levedad de aquellos ojos azules o negros pero el amor no es un absoluto.
Hacer el amor es la única lucha del hombre contra la muerte: cuando hay un cuerpo presente bifronte abrasado y abrazado, cuando son dos los que miran la historia de pasados amantes, cuando la memoria existe en un espejo bilingüe el silencio es el mejor “te amo”, quieto, intimo y supremo.

7 comentarios:

Someone exactly like you. dijo...

Al final creo que en mi mente solo han permanecido esas pocas palabras de enamorados...en sus momentos.

Meryone dijo...

las mujeres somos el verbo porque nos hacemos carne

me gusta pertenecer a un colectivo que sirve como fin útil para destruir el tiempo

aunque no creo en el amor, sino en el deseo. lo que no quiere decir que no crea que el deseo puede ser más terrible que lo que creemos es el amor

porque el amor es terrible, no lo olvidemos

besos

Nébula dijo...

Sigo pensando que son los hechos( y habría mucho que decir también sobre qué hechos exáctamente) y no el silencio el mejor "te amo"...suponiendo que el amor exista, porque hoy en día sólo me parece oir sobre lo que pedimos, y no sobre lo que estamos dispuestos a dar, ni siquiera si es que esta disposición existe, me parece vivir en un mundo de adolescentes crónicos que sólon persiguen ese estado de alucinación del que somos víctimas al principio, cuando las famosas mariposas en el estómago, cuando el otro es más la idea de lo que queramos que sea y no lo que realmente es, y por eso cuando nos damos cuenta de que no, de que el otro es humano y tiene defectos y fallos, de que no es un ideal, entonces buscamos otra "droga" que nos alucine, y así sucesivamente...Pienso como Meryone, creo en el deseo porque es nuestro instinto, y porque la experiencia me ha enseñado que es a lo único que está dispuesto a comprometerse el ser humano, pero el amor, eso es otra historia, y la verdad es que son muy pocos los que están a la altura...


En cuanto a mi tristeza, aunque yo no soy triste sí lo son mis circunstancias :/

Fraülein Lithium. dijo...

mmm... creo que todas las mujees somos distintas...

algunas aman las plabras, otras las odian, yo no se si soy parte de alguno de esos dos grupos, no las amo, tampoco las odio, simplemente creo queen algo tan grande y puro como en el amor sobran...

pues los actos son mucho más bellos e imperecederos...

Cordiales saludos.

u minúscula dijo...

VAYA BESO QUE TE MERECES!!!!

Nébula dijo...

genial lo de las gaviotas jajajajajaja ^^

Geraudi dijo...

Encantador... Mitico... Me gusta... Muy bueno para ser mi primer dia en este blog... Seguire visitandolo... Saludos.