viernes, 17 de octubre de 2008

¿Yo, bebido?


Quienes me conocen (ó creen conocerme) saben que no puedo presumir de abstemio y que el tabaco terminará por matarme un caloroso y asfixiante día de estos. Algunos ya ven mi muerte como un largo ritual de credo dionisiaco, como una neutral resistencia a los motivos religiosos monoteístas de mí familia; otros aseguran que se trata simplemente de un grave caso de fría alienación moderna y algunos otros no menos avisados anuncian el principio revelador de un sueño ó de un naufragio, tal vez sea cuestión de una genética que se muestra amenazada por mí naturaleza pacifica. Yo creo, y es aquí cuando la misma razón que me lleva al trasluz de la botella me exige decir: “Yo pienso”. Yo pienso que bebo porque no muero, no sólo quiero burlarme de San Juan de la Cruz, esa poesía tan desierta, tan dulce y tan conocida; sin embargo, no puedo negar que encuentro una mística aficionada cuando clarea el día y yo todavía me encuentro solo con mi trago arriba; pero no me gustan las justificaciones, por eso, bebo hasta sentir lo que no tiene finalidad, ¿Un fin?: nada, y como la vida carece de sentido, pues le digo a aquellos catedráticos de la domestica fascista moderna a lo que llaman sociológicamente como "Familia", y yo, "mi familia", que no pierdo el tiempo y jamás lo perderé con un trago de SomethingsSpecial en mi mano, ya que no hay más nada en el mundo carente de sentido que nuestra propia existencia, cualquier decisión no vale la pena. A toda esta desesperación y neurotismo que me rodea en círculos concéntricos hereditarios, les digo: Los maniquíes no enseñan a los hombres a vivir, es al revés. Existen necesidades más allá de la realidad, un punto en donde no estoy, en donde no me encontraré nunca, en donde ni siquiera espero porque odio esperar, pero aún así, siento la necesidad de estar allí, de conocer, de situar mi rostro frente a seres inexistentes, invisibles por mis ojos y mis recuerdos, personas que me olvidaran sin haberme conocido. Es lo que yo llamo la necesidad de un sueño por el instante. Quiero permanecer en el pensamiento en cuanto sea la sola dimensión del movimiento cautivo de las horas, pero quiero ensayar los sueños hasta que el olvido de cuatro mujeres puedan huir de esa isla a donde ha sido expulsadas como una neblina vacía.
Esa es mi relación con la humanidad cuando bebo.
La verdad no sé en qué planeta inventaron la moral, pero cuando el hombre bebe, ya sea de la cebada suave, de la caña reventada, de la destilación ó la vid; el alcohol se rebela ante la existencia y hace del conocimiento, ese hipócrita inmortal, la verdad sensual como una génesis fanática y sin paraísos, la sensibilidad cabalga sobre un buey equilibrista en la azotea de niños cabezones, la sangre se extiende como un gran río amazónico hacia el fin de la noche, todo el fin reunido en el tacto siberiano de las esfinges por las esfinges. No sé en qué planeta inventaron la moral, pero beber es una política correcta, una de las más honestas acciones sociales que he visto.

Ah, el licor revienta en los labios.

Pienso que a esta corta edad mi vida orgánica muestra signos de muy buena resistencia al delgado pero cortante daño que el alcohol hace a mi costumbre en-somática, por eso, cuando la verdad del vino pace por mi conciencia y ya la noche se recorta como aquellas mujeres confundidas en una blanca y extensa cama, yo alzo mi copa y digo con ó sin Lope de Vega: ¡Amar el daño!. El licor bebe por mis ganas y en niño rubio convertido corre bajo la lluvia negra que se desempeña por mí y por las selvas muertas mientras mi cuerpo de hombre egoísta sigue siendo el mismo adorador de la sensualidad derramada por todo el espíritu.

A través de una botella de hermoso licor mi cuerpo y mi alma se comunican, por eso, tanto silencio.

Lunes: Whisky con Whisky.
Martes: Whisky con la bella Silvana.
Miércoles: Fauna dialéctica en el Bar19.
Jueves: Boris Bueno guiaba a Copérnico sobre la mesa.
Viernes: Su cabello nadaba en cerveza, ¡Oh, la frívola lluvia que no cesa!.
Sábado: Iván Gutiérrez apareció en el rudo copeo.
Domingo: Una botella de buen vino con mi padre.

Larga semana que cubrió mi boca, parecía un mar y el horizonte, una curiosidad llevada hasta la manía, hasta el vicio, y digo vicio porque, en materia de arte y de reflexión, todo lo que no degenere en fervor un poco perverso es superficial, es decir, infra-real.
Bebo porque no muero, bebo porque creo en los abismos, en el suelo de los abismos donde la mejor humanidad florece como los balcones de una calle asustada por sus destinos.





Je bois
Systématiquement
Pour oublier les amis de ma femme
Je bois
Systématiquement
Pour oublier tous mes emmerdements
Yo bebo
Sistemáticamente
Para olvidar a los amigos de mi mujer
Yo bebo
Sistemáticamente
Para olvidar todos mis rollos.


Boris Vian, ese maravilloso vago y snob, uno de mis jazzistas franceses predilectos, el único que conozco, uno de los más tiernos y divertidos escritores y poetas franceses, si es que se puede ser todo esto en uno. Aficionado por burlarse de todas las miserias humanas nos dice en su petit jazz, “Je bois systématiquement…”.
Yo lo sigo: Sistemáticamente por lo que nunca he escuchado, sistemáticamente por (y con) mis fantasmas, sistemáticamente por mi Dios arrodillado, sistemáticamente por el absurdo de mí novia muerta, sistemáticamente por los accidentes de transito, sistemáticamente por la torpeza que deja caer un vaso de vidrio, sistemáticamente por todo, por nada…
¡Que hermosa la voz de este escritor, poeta, cantante, inventor, ingeniero y músico francés, Boris Vian, el también tierno pornográfico Vernon Sullivan; aunque la melodía y ritmo musical de sus composiciones tienen mucho del aburrido Broadway, del monocorde fondo musical de la cinematografía norteamericana de 1920 que me hace recordar a un triste y sádico Mickey Mouse en blanco y negro.
El alcohol en mis venas constituye un estado bio-químico que se sublima en un Ser justo, amable, comprensivo, generoso, simplemente hermoso. Una vez perseguí a una mariposa con el humo del cigarrillo que salía de mí boca, y la ayude a volar.
Beber, con mis manos las cosas preceden a los adjetivos, neblinoso amanecer, ¡Crucifícame con tu beso!, coloque usted por favor los puntos y las comas que crea usted pertinentes, yo ahora no puedo hacerlo.
Beber es una práctica heterodoxa que salvará al mundo de los cazadores furtivos y de las noches incomprensibles. Dios incompetente tráeme otro sustantivo!!!!!!!!!!!!!!!.
Desde el azul de mis manos bebo en la contemplación de mi mismo, sin narcisismos soy como nunca podrá hacerlo nadie…tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace, otra sombra de hombre, como yo con esta botella de…

4 comentarios:

|Andina| dijo...

Una vez perseguí a una mariposa con el humo del cigarrillo que salía de mí boca, y la ayude a volar.

ahí me quedé :)

Meryone dijo...

ayer vomité sobria tomando una copa por primera vez en mi vida

ebria lo he hecho muchas veces (aunque hace mucho tiempo que no)

de ello saco dos conclusiones:

- no dejaré de autoflagelarme con ello en mucho tiempo

- estoy auténticamente en crisis aunque yo pensara que ya no

además, tengo el estómago como un colador (pero ya lo tenía antes de empezar a beber), así que hoy me quedo en casa

besos

Meryone dijo...

ah!

adoro a boris vian

rozando el paroxismo

besos

Someone exactly like you. dijo...

Hay que disfrutar de la vida que luego se muere uno.¿Y quién no tiene algún vicio? Los míos son las compras,las gominolas y la fiesta hasta por las mañanas.