domingo, 11 de enero de 2009

Los días que no estuve


Un día de Domingo siempre es una respuesta a una pregunta que nadie hizo, la suerte de un hombre en cualquiera de los hombres, una estafa del azul de los cielos cansados de ser universo y no pájaros, ni viento, ni Mar. Esta tarde los dados juegan al azar y el jugador es sólo una maquina siniestra que esta hecha para mirar, la noche es una mesa deshabitada en un rincón, coronada con un bombillo amarillo tímido de la sombra del cable eléctrico que lo sujeta. Hoy puede ser una semana o una hora, todo depende de la espera, de aquellos que me piensan, que me preguntan, que me dividen, que me llaman, que me inventan, que me sonríen, que hacen que vuelva a la realidad cada vez que volteo y miro el refugio recuerdo de un bosque nublado. Ellos están allí, pero no son los mismos en los sueños, masajean mi cuello por dinero o limpian mi coche, hacen el amor, me atienden en un mercado, en una farmacia o en un café de panadería, van y vienen como en los sueños pero no son los mismos. Amé a esa mujer hasta que me dijo que sí en una noche ecuatoriana de hotel barato; pasaje de avión por la espuma del mar, anuncios publicitarios que yo mismo he creado para vender porquerías en America Central, el dinero que aprieto con mi puño en mi bolsillo derecho como un cuadro de Picasso oprime el espacio de la luz y la distancia de la pupila, Picasso no pintaba con los colores.
En una radio hawaiana hablan de gastronomía marina y una voz suave de ingles afrancesado prepara un pulpo con ajos y tomates, en la franja de Gaza mi amigo Firat todavía se oculta en el sótano de una tienda de alfombras y licores si no está muerto, alguien lee a D.H. Lawrence, Luisa sigue tocando aquella nota mientras sus hermanos la recuerdan, un fantasma en el Japón ha decidido dar un paseo por una avenida de Yokohama; lento, casi inmóvil, diríamos que se mueve por la tentativa de los árboles, por el claro reflejo de los segundos que continúan después de la muerte.
Yo me alejo, o me persiguen, o esperan.
Los Domingos por vocación planetaria de plazas y plazas suelen adquirir más espacio que la vida misma, los segundos son pájaros universales que se reproducen con un sólo aleteo de un viaje y más viajes hasta el infinito. Hoy todo lo ocupa, lo invade, lo exagera hasta la vida más breve; allí, todo se detiene sin fin, cuando el parto se inunda y la mujer ahogada de su amor infértil suprime al Ser en una hora circular que se deja ir hacia abajo por el sonido crudo del feto tirado en una bandeja de frío metal. Su madre todavía no sabe, sigue bajo los efectos de la anestesia. El niño muere y los días lloran a su alrededor formando semanas y meses de un vacío inscrito en cada una de las miradas que ahora puedo imaginar en este momento.
El medico de turno se parece a Federico García Lorca, caídos sus ojos y su cuello, de manos rectas como ausentes, seco de boca, egoísta en sus maneras; recuerdo que en una de las conferencias de García Lorca sobre el flamenco y el cante jondo se confesó un “lírico sin curas”, creo que leyendo aquello fue el único momento en que sentí la necesidad de ser poeta. Yo sólo estaba allí por intoxicación etílica, pasillo de luz vacía, calma, caída accidental, una escalera arriba y abajo, claro y oscuro; el fantasma de García Lorca pensativo, sentado en una silla con patas de acero, algunas enfermeras venían a consolarlo, aquellos ojos cerrados lo perseguirían para siempre, una enfermera me sonrió.
Quería llegar a casa y escuchar -Alabama- de Coltrane.
Palomas sobre el tejado, como en el Cementerio Marino, la ventana de mi habitación es tan pequeña como mi cama, pero abre un pedazo mitad cielo, mitad ciudad y es suficiente para que el humo de mi cigarro pase formando la huída más hermosa del mundo. Veo a las palomas comer sobre el tejado de franjas blancas y naranjas, las veo como enfermos mentales libres y suaves como las nubes 12 pisos más arriba.
Hace mucho tiempo que no escribo, pudoroso por calles y avenidas, cruce con Av. Bolivar/Calle Boyacá, un pequeño edificio verde, una mujer divorciada esperando en una acera, un laboratorio en NewYork que se ocupa de investigar las cualidades olfativas de los osos, Latinoamérica está muy lejos, mi oficina, y mucho más lejos esta ciudad donde se pasean mujeres tan frustradas como cualquiera de estas esquinas donde traficantes saludan como el mejor de los amigos ; muy cerca, bares y el mismo pool a las 6 de la tarde; tenía razón Thruman Capote, no se puede beber y escribir al mismo tiempo; ahora mis verbos son frágiles, mis sustantivos sólo son persuasivos, mis palabras y mis imágenes han perdido musculatura. Paso la noche con mi pecho desnudo pidiendo menos sombras, cumplo este día como una arquitectura milenaria pero libre a pesar de la realidad. Preparo café, el Sol me enternece porque es un Sol como lloviendo y la lluvia como un solo de trompeta. Listo el café vuelvo sobre mis pasos hacia la caja de cigarros puesta en la mesa del comedor, afuera se escucha el trafico bilingüe de los coches, afuera mi perro imaginario busca el silbido de su dueño real y palpitante que lo ha olvidado, afuera una Siberia culpa a Dostoyesvki y casi es colgado, afuera un millón de mujeres mueren con hombres estafadores, vanos aduladores y cobardes, afuera el humo de mi cigarrillo ya es cáncer sobre los muros, afuera, afuera, afuera…
Moho y estrellas veo por los intersticios de las puertas pero es demasiado tarde.
Llegaron las fotografías: estaba allí, hermosa, a mí lado, y yo, detenido, corazón arriba y ella no existía, visible sólo en mí, adentro y afuera de esa pequeña, rectangular y fiel playa colgada en mi mano.
Me miro, soy yo sonriendo como en aquel sueño cuando no se trataba de mí y mis ojos cerrados, pacientes, voladores, me dejaban ir, era el sueño de la indiferencia, de la autocompasión. ¿Cómo se olvida la noche? Mi historia desaparece, estoy vivo, respiro, mastico.
Escribo en doble contemplación, ¿Qué hora es en cualquier lugar? ¿Qué hora es en ese espejo?.

5 comentarios:

Meryone dijo...

aquí, las tres y cuarto

de la mañana

y yo sí me preguntaba dónde estabas. y suponía que de vacaciones, como tanta gente

tuve varios paseos esta semana de esos en que te gustaría poder escribir al mismo tiempo

beso

u minúscula dijo...

así, cómo? mujer del tiempo? besos..

José Agustín Solórzano dijo...

primero, gracias por este texto que me leí en la mañana con un cafe,creo que fue un buen momento
¿Qué hora es en cualquier lugar?, me gusto mucho.

Por cierto a cuál Vallejo te refieres será a Cesar o a Fernando, ninguno me ofendería...
Un tafito es un cigarro, es una de las tantas formas en las que le decimos acá en México.

saludos.

Isa dijo...

exquisit

|andi.na| dijo...

no había leído esto.
es que estaba ausente, lo sé.

me gustaron muchas imágenes.
me perdí en algunas,
me quedé en otras.

te leo, debo ser sincera,
porque hago un ensayo
y estoy aburrida de pensar.

vine a ver qué me decían tus letras.
ya pasé por el de mai y me ayudó un poco.

seguiré dando vueltas.
salud.