
Sobre mí cama todos estos días caen como 12 pisos abajo, techo mudo, entre paredes, el bloque social-familiar donde vivo resiste la densidad del cielo a nivel de esta ciudad momentánea, breve, intermedia. Aquí todos viven y se conocen, las escaleras es un segundero donde todos suben o bajan en una mecánica social inconsciente, cuando alguien va, alguien llega y en el movimiento hay un signo que denuncia cada paso hacia el destino de calles, y calles y otras calles en construcción ¡sufragistas!.
Mientras tanto, estoy enamorado de los hechos, mentiroso de verdad, de los instantes consumidos por una hoja de papel; la verdad es que logro vencer al instinto estafador a través de las palabras.
Sólo han pasado algunas horas, tres pisos, desde que ya no vive más nadie, “es el claustro de un silencio que habló a flor de fuego”. Recuerdo a aquel hombre que se lanzó desde su ventana 9 pisos más arriba, ¡Qué síntesis!.
He dormido toda la tarde desesperado por volver a mentir sobre mi mismo, sin duda no puedo decir que el cansancio prueba el tiempo perdido en una cama. Pero ¡Qué cansancio!, es cierto que no puedo justificarlo, inútil el tiempo vivido tanto como el tiempo pervertido; no es vanidad, ni consuelo, ni asepsia, ni ego siquiera, pero debo decir que me siento como victima de Hiroshima o Nagasaki, tal vez toda la humanidad duerme acostumbrado a ese olor en sus sueños, todavía fieles, en la penumbra como un cogido genético del siglo XX.
¡Qué demonios tengo yo que ver con la bomba atómica!.
Pero está allí -dirán algunos-.
-A la mierda, que se acostumbren con su muerte-.
-La verdad es que deben acostumbrarse a la radio-actividad, sabias que hay casos en el que mujeres embarazadas…
Toco el vacío en señal de augurio, eco visual que eternizó aquel día cuando mi padre tuvo su quinto hijo, y dijo: “Toco madera”. Nací de canto.
Entre las uñas tengo rastros de conciencia.
Puedo decir a mi favor que hay soledades que me ocupan. Ahora me encuentro silenciado, inédito de sombras, el porvenir me subyuga al ir y venir desde las plataformas más bajas a los juegos de mi infancia.
Desde aquí escucho el cable del ascensor, maquina sospechosa, alguien toca la puerta.





