
Lo he consumido todo, poéticamente hablando. Vocales, segundos, miradas, noches, días, un saxofón oxidado, evangelios, desnudos, balas, naturalezas muertas puestas a secar en el jardín, bastantes ceros y unos, olvidos, recuerdos, miserias, lo soñado y lo que no he visto, huérfanos, lluvias, dinero de mis entrañas, muchas nubes, trafico, 4 gramos de pájaro en el cielo, mujeres que no existen, relojes detenidos a la hora de la vida, fotografías de gente desconocida, fuego, desapariciones, dioses en la cama con mi madre, verdades arqueológicas sobre la mentira, discursos políticos después de tener sexo, enfermeras de pezón tierno, contaminación, poblaciones, desiertos, cualquier otra cosa, nombres, yo mismo ya he escrito esto con otras palabras. ¡Todo!, y cuando digo “todo” quiero decir “aún más”. Pero actualmente existen en el planeta 6.912 lenguas vivas de las 14.000 que hubo en algún tiempo. Todavía me queda el silencio, todavía respiro, secretamente alguien me dice -el universo es la única revolución del hombre-, y yo le digo: no me importa ser mejor "poeta" si la poesía sucede a manos de este mundo-, lo llamarían “capital excedente”. Baja el consumo, llueve, debo ir a pagar la factura del internet; pero antes, un cigarrillo.