viernes, 19 de marzo de 2010

carnación


Vienes de mi cuerpo
y tengo tatuada la sombra
para nunca más volver
el mismo hombre desnudo
buscándome sobre el “mírame”
de tus manos.

Tus cabellos gimen a cada gota
de ciudad que huele a tu sangre
desenrollada
arrodillada
lamías la ausencia
¿Donde está mi ausencia?
Aullaban tus senos a la Vía Láctea.


Largo sudor de la fruta caída.


Adentro, según abrimos
Lluvia cuadrúpeda en mi Cristo animoso
Más adentro como el cielo y la tierra
por el beso en la frente del tiempo, tu breve historia, pero se mueve.
¡Galileo, levántate! Buda ya enloqueció.
Sueña esta mujer conmigo, crea una ciencia para mi y para ella
No me digas “Infinito” porque
el semen loco de los gatos persiguen a las luciérnagas
como una mesa y sus átomos.

-Déjala-

No

-Déjala-

no

-Déjala-

Yo sólo creo en las balas perdidas hiriéndose por la falsa virginidad del movimiento.

Una visión de orgasmo sobre el orgasmo
guiándote tu misma como un caballo por mis venas,
las cuerdas, la carnosidad de mi guitarra más transparente


Sonaba
el a e i o u de tu sexo.

Yo, verbo.


Cada parpadeo es un brillo sexual de destino y de pureza, por eso hago el silencio dentro de mi voz.
Ahora lo sé: cada paso es la piel

como mis primeras palabras.





1 comentario:

Ignacio Reiva dijo...

hay casi una ciencia oculta en tus letras. Intento descifrar el placer que hay en leerte, pero me invaden las imágenes. Un gran abrazo.