martes, 13 de abril de 2010




"...no quiero nada que se parezca al mundo,
no quiero nada de esa miseria misteriosa
hecha y soleada por el hombre.
{...}
Hay dolor porque todavía no he aprendido a estar vivo".


No quiero volver a despertar otra vez a las once de la mañana porque no quiero nada que se parezca al mundo. Me gustan los martes, la eternidad comienza un martes, siempre hay nuevos sonidos: las palomas en el tejado como en el Cementerio Marino, el cielo con sus patitas de delfín y de rata sobre los techos más bajos al séptimo piso del edificio social del centro donde vivo con mis libros, mi música, donde no hay destino ni esperanza, es el paraiso alejado del génesis. Todo es tan amor a la nada casi transparente que de alguna manera no me importa ser mejor si me siento codificado en el silencio. Hoy es tan Caravaggio, tan Renoir, tan Atget, tan Glass, tan "preparo café y me voy", como ayer. El fuego de la hornilla era el mismo fuego que ardía dentro del viento como esas chispas invisibles llamadas algunas veces "ojos" que queman la piel y seducen a las mujeres que se dejan reir. Morena clara.
No quisiera hablar del azúcar que derramé en la cocina con mis pies desnudos como mis rodillas, como mi pecho, como mis manos, como esta mañana casi al mediodía cuando desperté y estaba allí, de repente, sin más, no sé, imagino, buscándome, pensó que le dijo: "No quiero nada de esa miseria misteriosa".

5 comentarios:

flopi dijo...

Qué linda esa imagen que describís :)

Rubén Darío Carrero dijo...

Cuál?

Cajitas de Soles dijo...

Me pillaste escuchando la música de la lista de schindler, tampoco quiero saber más de la miseria de este mundo... por eso disfruto cada café, cada mañana, cada silencio, cada lágrima y cada sonrisa.

Julieta dijo...

Pensar en eternidades me resulta demasiado cruel...es que hay dias en que prefiero tener alas o tener fin.
¡Un fuerte abrazo!

cleopatra dijo...

Casi siempre mis movimientos por la mañana son autómatas. Me duele pensar ni bien me levanto.

Me duele saber que los días pintados pueden no aparecer más y trato, dentro de lo onírico de la mañana, de creer que mi vida está así, porque así la quise.

Y no es tan cierto.

Un beso, te sigo