lunes, 7 de junio de 2010



Hace ya tiempo no escribo ni siquiera sobre papel. ¡Estoy tan alejado de todo! Despierto por las mañanas, no tan temprano como debería, mis huesos suenan veintidós veces, todavía los ojos están en mi sangre dormida, siento como la mirada comienza a ser devorada por los días, esas bestias que se esconden y se confunden en la claridad, pero se comen unas a otras tragándose en círculos y todo lo mastican en el reflejo de la ceniza; y nosotros, siempre seres insignificantes, dormidos o despiertos, somos tan invisibles como inútiles, sólo nos basta con habitar en el viento que respira la bestia, día o noche, prosa o verso. Me levanto de la cama y pienso: No has escrito nada en quince días. Pero digo: Debo pensar menos. Y así, comienza o termina otro día, ayer comiéndose a sus hijos, hoy carne de mi carne, sin verbo pupilar de todos mis muertos, de todos mis vivos hiriéndose como un soplo, un aire caliente de madrugada, herida abierta, donde son todos los días en el espejo y en los ojos abiertos.

Me lavo la cara y esa es toda la imagen, mi rostro limpio, sereno, cautivo, resiste. El agua sobre mi rostro es una ruina mientras se tiene tanto tiempo sin escribir.


6 comentarios:

Vanessa dijo...

Es muy bonito lo q has escrito.
Ojalá no tardes otros quince días en volver a escribir, sea de día o de noche,herida abierta o cerrada...
Besos.

Djuna dijo...

en la soledad de las palabras. qué bonito!

José Agustín Solórzano dijo...

Tu texto no sé, está como mojado en desgana, en cotidiana falta de hacer algo. Me gustó esa sosobra.
Escribir a veces es detener el tiempo, quizá por eso cuando no se escribe se pasa todo tan rápido.

María Mercromina dijo...

Me encantan esas fotos...

Nada mas importa dijo...

Que bello escrito.
Es feo no tener ganas ni que escribir, pero más allá de eso, hay momentos en que solo es algo transitorio.

Besos!

|andi.na| dijo...

asi andamos por estos lados.
te acompaño en tu vida no tan vida