miércoles, 28 de julio de 2010

Cada cuerpo con su deseo
y el mar al frente.
Cada lecho con su naufragio
y los barcos al horizonte.


Estoy cantando la vieja canción
que no tiene palabras.
Cada cuerpo junto a otro cuerpo,
cada espejo temblando en la sombra
y las nubes errantes.


Estoy tocando la antigua guitarra
con que los amantes se duermen.
Cada ventana en sus helechos,
cada cuerpo desnudo en su noche
y el mar al fondo, inalcanzable.



Montejo es ese hilo secreto que te une a mí, desde un barco al sur-este de Brasil hasta mi habitación de lenguaje pequeño. Infinito árbol en medio del silencio, pasado inalcanzable que nos persigue, ¿Dónde estás, sonido de tu voz? Nunca olvidaré estas imagenes, nunca olvidaré estos versos de poeta venezolano en tus labios de memoria carnación, como arrecife, como isla esconiéndose en tus ojos frontales; llueve, está lloviendo mientras escribo, ¿Duermes? ¿Terminas tu tesis sobre literatura española?, molesa e pra iá, não me deixe só aqui. Bem bom viver.
Alguien pasa debajo del árbol que la sombra no sabe..."y las nubes errantes" dejarán de buscarnos. Fin de la distancia.






Dulce fantasma, ¿por qué me visitas como en otros tiempos nuestros cuerpos se visitaban?
Carlos Drummond de Andrade

5 comentarios:

Vanessa dijo...

Me encanta! Menudo sentimiento tan fuerte!
Besos.

A do outro lado da xanela dijo...

Siempre tenemos una canción que cantar... aunque no sepamos la letra.

Convertimos nuestro día a día en una sinfonía eternamente inacabada.

Beso!

Fabián Gutiérrez dijo...

ME GUSTÓ MUCHO LA MEZLA DE TEXTO CON LAS FOTOGRAFÍAS.

José Agustín Solórzano dijo...

Muy buen texto y concuerdo con Fabián, las fotografías van muy acordes y apoyan a las palabras excelente.

saludos

rocket girl dijo...

"Su ausencia es mi único equipaje."

Besos, Darío.