lunes, 26 de julio de 2010




Un dios y la cuenta, por favor. Estalló el humo de mi cigarrillo en millones de mesoneros católicos, un Dios y la cuenta, por favor, un Dios y la cuenta. Una católica baila sin pena y me deja al compás de mi sombra pegadita a la luz. No soy judío, ni budista, ni mahometano; soy de esa raza de imágenes que no se deja inaugurar por la intemperie del mundo. Pero se fue, se fue como cualquier cuerpo desnudo, vivo como un animal moribundo. Bípeda, mamífera, fotógrafa. Mosca desierto, pureza de caballo, virgen cuadrúpeda, palabra simétrica como el sexo descrucificado por los pájaros de alas cortas. Algo parecido tienen tus fotografías, incomodas a la luz, lejos de cualquier sombra valida, versos de puro soniditos, reflejo de lagrima de ballena, linea de parpadeos sin terminar. Algo hay detrás de tus ojos que no tiene motivo, sólo materia oscura. Ocultas la imaginación en todo lo visible, yo más bien quiero que se peleen entre si; la imaginación y lo invisible como la costumbre y mi columna vertebral. Veías sangre en el circulo de nuestros cuerpos, paredes, libros, lámpara, mis dibujos pegados en el techo. Yo nací 14.000 años antes de tus ojos. Tú simplemente te dejaste ver. Se fue o te fuiste porque me escuchaste gemir como lo hacemos esos hombres carne de cañón para el espíritu de río congelado, y no como esa especie humana tan parecida a la soledad del mundo. Mis hijos esa noche nacieron de mi sudor: transparentes, soñadores, idénticos a mí en lo impenetrable de sus ojos; luego, volvieron nadando a la piscina con lotos de mi locura. Callé. No le gustó mi cuerpo porque no creo en Dios. Su Dios, el dios, mi Dios, gramática. Amar es una ciencia para unir espacios mudos y música ciega. Amor en la punta de mis dedos como esa hoja de árbol tejido en el pecho de mis dudas cayendo en los pliegues de mi cama. (“Dios” sólo son signos de puntuación, ¡por dios!, fotógrafa de dos caras). Yo, gótico blanco, mortal esencia escrita en un jabón manchado por el sonido de cuerpos que se disminuyen hasta el silencio, guitarra dormida como un pájaro gigante. Hace muy poco comprendí porque las mujeres hindúes se tatúan las manos “temporalmente” antes del ritual del matrimonio; lo hacen, en un abismal ejemplo de atarse a la virilidad del viento, fértiles como los símbolos perdidos en el bosque sin ventanas, parturientas sin útero, sin semen, solas como el origen del mundo.
Fantasma anafrodisíaco, quédate bajo el Sol pornográfico de tu sombra, no sabes que está lloviendo.


Mesonero, ahora sí, la cuenta por favor.

2 comentarios:

Vanessa dijo...

Qué pensamientos más increíbles! Me he quedado con la boca abierta, lo reconozco.
Un aplauso para tí!
Besos.

Ignacio Reiva dijo...

No hay tatuajes de manos o cuerpos que no sean temporales, el alma sólo se tatúa eternamente, por eso la gente cree en Dios, porque es la tinta necesaria e indeleble de esa necesidad de símbolos encontrados. Un gran abrazo.