miércoles, 1 de septiembre de 2010




Me he levantado esta mañana, recuerdo como si fuera hace tan sólo unos segundos; el techo nublado que se me venía encima y las últimas líneas de la novela que estoy leyendo: “A lo largo de las declaraciones de los tres hombres que disparan en el patio…”, pero esa voz no resucita a lo otra voz, la verdadera, la materia que nunca calla. Hasta mis manos desaparecieron y sólo quedó el rumor de mis pensamientos entre la ciega posición fetal de mi cuerpo y aquella frasecilla de Kipling “La sangre clama en el suelo mientras forma pardos rombos bajo el Sol”…Y empezó las mil batallas, la lucha entre la oscuridad de mis ojos y la oscuridad de mi cuerpo desnudo, desnudo porque hace años no puedo dormir si mi cuerpo no mimetiza en mis manos como agua en el agua, como el blanco de los ojos y la materia oscura que se abre desde mi estomago hacia mi boca, pasa por el corazón.
Una pestaña es Miércoles, sentirse en el cuerpo, volver la razón hacia los dientes, el número inefable en mi sexo, mi voz antes de la piel, y las palabras como poros hasta el primer pensamiento para que todo se convierta en carne y hueso otra vez donde sólo quedarán estas palabras desnudas como mi cuerpo, desnudas de todas las palabras de este mundo, estas palabras que no se pueden soñar: “¿Podré escribir hoy?”.

Se hace todo nuevamente y vuelvo sobre estos signos, carne de viento, estos símbolos que no dejan al paraíso doblar el espacio y entrar por cualquier lugar del mundo (por una esquina de mis ojos), y todo es segundo como antes de dormir.

Es la limitada certeza de sentirse vivo…¿Poeta?

Pero no, todos estamos condenados a la misma relación con el mundo físico de la cual sólo se puede decir que no hay poetas, no hay poesía: es el infierno anestesiado en parpadeo, todo es cuerpo, sol y noche contra el cuerpo huyendo en las muchedumbres el sonido de las palabras y esperando de la música el perdón de todo lo que hemos hecho. Por eso, sólo quedan esos inútiles perseguidores de imágenes, esos que quieren llegar al orgasmo a través de una larga y morbosa historia de espacios y disfraces.

¡Hermosas adolescentes de cabellos largos sin glándula de lo infinito!

Todo es tan excesivo, una infancia perdida que debió perderse hace siglos y todo el mundo quiere hablar a la velocidad de lo invisible como la vida sobre la vida.
Callar al silencio una y otra vez:

Despierta, todo ya está concebido en mí, y se levanta mi cuerpo, uno a uno a tiempo mío porque cualquiera puede imitar a las palabras que describan cómo se abren mis ojos. No hay poetas, sólo actores:

Pos-moderno: Los días presionan el click de mis ojos apagados.

Retorica nerudiana: Sollozando las cosas por lágrimas invisibles.

Anti poesía: El colchón, la pintura en las paredes, la fe en el café.

Pop: Flash!!!, La foto salió movida, casi no te ves.

Surrealista: El cielo es un tiburón y la luz es la carnada en mis ojos.

Publicitario: Despierta, acábate.

Cortázar: Ahora ese hombre despertará.

Hollywoodense: No volverá a estar allí.

Enciclopédico: Un hombre no sabe pero despierta.

Post-poético: código genético cielo limite caos por esencia musical viento que dobla en la esquina.

Antes de cantar, soy un hombre de pocas palabras, el silencio sonríe.
Si la vida pudiera hablar, dijera: -Vete, tu rostro es mi rostro-.

2 comentarios:

-OjosBienCerrados- dijo...

Me dejaste sin palabras y siendo muy homesta no es más que esto lo que puedo escribir...

Estoy maravillada.

José Agustín Solórzano dijo...

Saludos ruben, buen texto, eso de la post poesía está loco, no has leido el libro homónimo de Agustín Fernández Mallo?