sábado 8 de mayo de 2010

Carne muerta, eso es el espacio; por eso, recordar es sangrar, perder vida, cambiar la voz, fumar, tocar el blanco sexo del aire con una sola mano, quieta, leve, creada sin que nadie la vea. Las pupilas son las puertas al olvido, todo pasado fue ver, pero yo estoy detrás de mis ojos, yo quiero amarte en esta música tan llena de música, no mirar el silencio de la nieve invisible a soledad. Acércate, más, aún más, dame tu mano, no tengas miedo, empínate, ¿Ves?, no quiero que abras tus piernas, quiero que abras otras carnes, otros huesos; por ejemplo, tus pestañas, deja que la luz desgarre tus ojos y dócilmente adentro, mucho más adentro, en esa pequeña herida abierta el infinito entra y sale. Me quedare aquí afuera, cuidándote del mundo de las palabras, sin descripciones apartaré el sueño y la realidad para desnudarte, cicatrizando todo mi cuerpo dentro del tuyo. Lo demás es publicidad, los segundos son pequeños puntos de sangre en la retina. Venden esponjas muy baratas que le dan más brillo a las burbujas que salen entre tus dedos.
Deja a los fotógrafos tener alma, no te levantes de la cama, quédate allí, allí, no te muevas, no, no, allí, sí allí, como la pipa de Magritte, quédate allí en la dimensión bordada por los invisibles seres de mis movimientos. Deja a los fotógrafos con su discurso, mírame, enséñame, tú, mi enemigo ciego, mi maestro mudo. Si no puedes, entonces, deja que la maravillosa vida te convierta en polvo cayendo sobre la prosa del cielo.
Si no puedes, entonces, imaginemos que soy un actor o un poeta (¿La poesía no odia la actuación?), no importa, imaginemos.
Cuando vi por primera vez La Sociedad De Los Poetas Muertos quise ser poeta, yo también odié el prologo de J. Evans Pritchard (doctor en filosofía) quien ahora sé es hijo de este hombre. Pero la verdad es que también cuando leí a D.H. Lawrence quise ser novelista, cuando vi a aquél corredor etíope yo también quise ser atleta, cuando vi una fotografía de Cartier-Bresson quise ser fotógrafo, cuando te amé quise ser un hombre hasta tu muerte, luego podría seguir siendo un árbol o un pez ciego en el fondo del mar. Casi logro ser fotógrafo, una vez le tomé una fotografía a Dios, estaba de espalda, pude llegar al sitio donde lo tienen detenido, enjaulado de medianoche, lo vi por un huequito 3 segundos antes del mediodía. Siempre he creído que hay un dios fílmico que secuestró al dios de las palabras. Ahora, cualquie Dios nos mira y yo no debo hacer otra cosa que hablarte para que de estos dioses no nos hagan daño.
¿Alguna vez te comenté sobre mi teoría poética? –Sígueme la corriente–. Imagina un cuarto oscuro, hay varias mujeres, encerradas en sus cuerpos pero de afuera hacia adentro, no pueden verse la una a la otra porque todavía no conocen la diferencia entre espacio y movimiento, sólo se escuchan, sólo conocen sus voces, se miran con la piel, ellas existen, existieron antes y después de la vida y de la muerte que todo lo saben, pero ellas no saben ni siquiera que poseen figura humana, eso sólo le importa a la vida y a la muerte. Ellas se levantan debajo de la piel, pero hasta allí llegan, se escuchan gemidos de placer, se escuchan llantos, aullidos, espejos rotos, se expande el universo por mimetismo de aquello que se parecia al viento; eco de la lucha de dientes, de manos, de ombligos, lamen sus manos para sentirse ellas mismas, comen de un plasma dulce, quizás de color azul que sale detras de sus rodillas y de sus codos. Es 14.000 años antes de la invención de los ojos, eran tres, como tres estrellas detras del Sol, esas mujeres inventaron el mundo, el lenguaje, el baile, el amor, la saliva, seres tan antiguos y primitivos que ellas mismas descubrieron lo invisible como una forma sexual de reproducción; allí nació el poeta, por azar es el primer ser visible del mundo o quizás simplemente es la primera gran contradicción de la raza humana. Abre los ojos, escucha, aprende y mama ciegamente como mamaban las imágenes que él descubriría tiempo después. Él puede ver a las tres mujeres que lo han creado, empieza a nombrar cada cosa, el mundo tiembla, el primer poeta del mundo nace vivo (los que seguirán nacerán todos muertos, salvo ciertas excepciones). El primer hombre como poeta es uno y el universo. Las tres mujeres lo llaman "Na" por irrelevante vocalización, algunos después dijeron que los rios del mundo nacieron de esa palabra. El primer principio de uno y todo, el poeta amaría tanto a sus creadoras que pasaría poco tiempo para convertirlas en sus amantes...


Ya se ha ido el dios que nos observa como el tiempo perdido que quiere más tiempo, ya no tengo porque fingir que soy poeta para salvarme y salvarte de este dios-instante y pervertido.
Cuando regrese de nuevo por más imágenes para ocultarnos las palabras (regresará, lo sé) tendré que ser este mismo personaje que escribe teorías poéticas para aferrarse a este mundo, a cualquier mundo, como los habladores se aferran a las palabras exactas de su boca. Regresará.

jueves 6 de mayo de 2010

Mi soledad es un caballo


dialectico


excecivo


musical



una cúpula


nube detenida




una palabra perdida


ellos saben donde está...






miércoles 5 de mayo de 2010




Son las tres de la madrugada: no puedo dormir, no quiero dormir, no podría dormir, es lo mismo, mañana despertaré, seré igual, todavía. Ahora escucho a Camarón, un circulo se dibuja en mi frente; vengo, paso, vuelvo, el mismo. Pienso en las mujeres que he amado y pienso en las mujeres que me han amado, son tan diferentes una frente a la otra como un espejo roto, pero yo sigo siendo el mismo. Tres minutos me observan, debería ir a la cama. Imposible cambio. Pienso: Mi gran error es conocerme a mi mismo antes de ir a la cama. Mañana voy a despertar, recuerda. ¡Basta!, deja a ese sonámbulo vivir, dale algo de dinero para que se vaya a dormir, que reciba lo que quiera. Estar solo -dijo-. Es mi soledad tan ansiada, él mismo como un sueño por fuera; soñar, como quien no quiere la cosa, esperemos a que despierte. Esto no tiene nada que ver con poesía.



Ahora sí:



¿Es la guitarra o son mis ojos?
Un pájaro quiere entrar sin mirar nada
Por la ventana invisible
Debajo de las sábanas
Con alas amanecí de un tiempo que no vendrá.










fotografía: Tom Chambers, Spring´s landfall.

lunes 3 de mayo de 2010


Yo quisiera contar esta historia como la vida o la muerte que todos conocen, como el recuerdo y el olvido que todo lo ha hecho, como el sonido en mi boca que no entorpece el movimiento de mis piernas. Pero mi voz es como el parpadeo de un caballo, quiero decir, una palabra que vuela, la vuelapalabra por sobre todas la cosas conocidas. Quisiera contar esta historia como la he vivido, pero la vida de un hombre empieza mucho antes; por eso, cualquier descripción me detendrá suavemente como una chispa de viento en los ojos cerrados. Y entonces fue la memoria de algo, de una canción, de una calle, de un sueño, ¿Coincidencia?, más bien trasluz. Ahora imaginemos que me convierto en un actor o en un poeta, ah no, prefiero teclear como cifrando claves secretas: “mañana no estaré en tus sueños”. Estas líneas acabarán por decir nada, con eso me conformaría toda la vida, lo siento, es la limitada certeza de sentirse vivo.
Ha nacido mi madre, la estoy viendo llorar, será acordeonista, gitana, hija de un guitarrista alcohólico dueño de una farmacia y adicto a la morfina. Será una estudiante mediocre de medicina, se mudará de ciudad, cambiará de acento al hablar del pago de alquiler, la echarán de dos o tres apartamentos, fuma y deja de fumar. Un día consigue trabajo en un laboratorio farmacéutico, ya podrá comprarse una nevera y tal vez unos muebles. Invitará a nuevos amigos, ya no estará sola con las paredes hechas de hombre, ahora se ríen de ella por como habla, esa tarde alguien llevará una cámara fotográfica y le pondrá un recuerdo para siempre, buscaba su perfil y encontró una palabra perdida en la boca. ¿Qué estoy viendo? ¿Dónde estoy? Cualquiera podrá decir alma, pero todavía no coagula el viento. No hubiese nacido, yo no he nacido, pero con esta fotografía me pertenece toda la vida. Resisto.