miércoles 23 de junio de 2010


al poeta francés Bladi Zuzuarregui




Palabras ciegas en todo tu cuerpo
– Me dijo una mujer –
Y yo pienso con las mismas
Mascaras
los secretos de la vida,
los sonidos del cerebro y la moral que no tenemos
para regresar a la batalla fugaz del tiempo.
El mundo come de tu mano, es nuestro enemigo.
Ahora tu guitarra fantasma lucha con mis palabras
Alma
pie
ventana
pero tus ojos aprenden de mis ojos
palabras, palabras, más palabras como la lengua de un niño
en el pezón de su madre: el sexo virgen del silencio,
otra palabra: mirar
el infierno en medio del bien
y París, Caracas,
sonríes, no quieres morir más
porque nacemos dormidos o somos invisibles dobles
de la carne
cuando no se acabe el mundo,
allí estaremos
como todos los hombres.





Mon ami, tu voluntad de poeta es dolor físico para la transparencia de otros cuerpos. Tú, ya no eres el mismo hombre, no serás la misma muerte, sólo tus ojos descarnados podrán hablarme...pero también escúchame sin imagenes desde los sueños.

martes 22 de junio de 2010


Insomnio, todavía puedo sentir el aire de la mañana de noche, día tras día sólo dos palabras existen como estos dos labios olvidados en el cuerpo: Hotel y abismo. ¡Como quisiera detener la última metáfora del mundo! Reírme de mi mismo provocándome una risa de verdad como ese sueño cuchillo que se burla de todos los hombres. Es la hora de mí y sólo he aprendido que la vida es movimiento como el número invalido de los sonidos. Jaula de luz parpadea. Morir, amar, sentir y ustedes que consumen espacio como una ventana, espejos vírgenes que me miran confundidos, la única persona en el mundo inmortal en mi oído, calla y ríe. Dormir, segundo, despierta.










*fotografía: Eugenio Recuenco.

viernes 18 de junio de 2010

Recital de poesía y un laberinto donde todas las puertas son verdaderas. Porque Ludovico era así, un desierto de vino y ángeles ciegos.


lunes 7 de junio de 2010



Hace ya tiempo no escribo ni siquiera sobre papel. ¡Estoy tan alejado de todo! Despierto por las mañanas, no tan temprano como debería, mis huesos suenan veintidós veces, todavía los ojos están en mi sangre dormida, siento como la mirada comienza a ser devorada por los días, esas bestias que se esconden y se confunden en la claridad, pero se comen unas a otras tragándose en círculos y todo lo mastican en el reflejo de la ceniza; y nosotros, siempre seres insignificantes, dormidos o despiertos, somos tan invisibles como inútiles, sólo nos basta con habitar en el viento que respira la bestia, día o noche, prosa o verso. Me levanto de la cama y pienso: No has escrito nada en quince días. Pero digo: Debo pensar menos. Y así, comienza o termina otro día, ayer comiéndose a sus hijos, hoy carne de mi carne, sin verbo pupilar de todos mis muertos, de todos mis vivos hiriéndose como un soplo, un aire caliente de madrugada, herida abierta, donde son todos los días en el espejo y en los ojos abiertos.

Me lavo la cara y esa es toda la imagen, mi rostro limpio, sereno, cautivo, resiste. El agua sobre mi rostro es una ruina mientras se tiene tanto tiempo sin escribir.