miércoles 28 de julio de 2010

Cada cuerpo con su deseo
y el mar al frente.
Cada lecho con su naufragio
y los barcos al horizonte.


Estoy cantando la vieja canción
que no tiene palabras.
Cada cuerpo junto a otro cuerpo,
cada espejo temblando en la sombra
y las nubes errantes.


Estoy tocando la antigua guitarra
con que los amantes se duermen.
Cada ventana en sus helechos,
cada cuerpo desnudo en su noche
y el mar al fondo, inalcanzable.



Montejo es ese hilo secreto que te une a mí, desde un barco al sur-este de Brasil hasta mi habitación de lenguaje pequeño. Infinito árbol en medio del silencio, pasado inalcanzable que nos persigue, ¿Dónde estás, sonido de tu voz? Nunca olvidaré estas imagenes, nunca olvidaré estos versos de poeta venezolano en tus labios de memoria carnación, como arrecife, como isla esconiéndose en tus ojos frontales; llueve, está lloviendo mientras escribo, ¿Duermes? ¿Terminas tu tesis sobre literatura española?, molesa e pra iá, não me deixe só aqui. Bem bom viver.
Alguien pasa debajo del árbol que la sombra no sabe..."y las nubes errantes" dejarán de buscarnos. Fin de la distancia.






Dulce fantasma, ¿por qué me visitas como en otros tiempos nuestros cuerpos se visitaban?
Carlos Drummond de Andrade

lunes 26 de julio de 2010




Un dios y la cuenta, por favor. Estalló el humo de mi cigarrillo en millones de mesoneros católicos, un Dios y la cuenta, por favor, un Dios y la cuenta. Una católica baila sin pena y me deja al compás de mi sombra pegadita a la luz. No soy judío, ni budista, ni mahometano; soy de esa raza de imágenes que no se deja inaugurar por la intemperie del mundo. Pero se fue, se fue como cualquier cuerpo desnudo, vivo como un animal moribundo. Bípeda, mamífera, fotógrafa. Mosca desierto, pureza de caballo, virgen cuadrúpeda, palabra simétrica como el sexo descrucificado por los pájaros de alas cortas. Algo parecido tienen tus fotografías, incomodas a la luz, lejos de cualquier sombra valida, versos de puro soniditos, reflejo de lagrima de ballena, linea de parpadeos sin terminar. Algo hay detrás de tus ojos que no tiene motivo, sólo materia oscura. Ocultas la imaginación en todo lo visible, yo más bien quiero que se peleen entre si; la imaginación y lo invisible como la costumbre y mi columna vertebral. Veías sangre en el circulo de nuestros cuerpos, paredes, libros, lámpara, mis dibujos pegados en el techo. Yo nací 14.000 años antes de tus ojos. Tú simplemente te dejaste ver. Se fue o te fuiste porque me escuchaste gemir como lo hacemos esos hombres carne de cañón para el espíritu de río congelado, y no como esa especie humana tan parecida a la soledad del mundo. Mis hijos esa noche nacieron de mi sudor: transparentes, soñadores, idénticos a mí en lo impenetrable de sus ojos; luego, volvieron nadando a la piscina con lotos de mi locura. Callé. No le gustó mi cuerpo porque no creo en Dios. Su Dios, el dios, mi Dios, gramática. Amar es una ciencia para unir espacios mudos y música ciega. Amor en la punta de mis dedos como esa hoja de árbol tejido en el pecho de mis dudas cayendo en los pliegues de mi cama. (“Dios” sólo son signos de puntuación, ¡por dios!, fotógrafa de dos caras). Yo, gótico blanco, mortal esencia escrita en un jabón manchado por el sonido de cuerpos que se disminuyen hasta el silencio, guitarra dormida como un pájaro gigante. Hace muy poco comprendí porque las mujeres hindúes se tatúan las manos “temporalmente” antes del ritual del matrimonio; lo hacen, en un abismal ejemplo de atarse a la virilidad del viento, fértiles como los símbolos perdidos en el bosque sin ventanas, parturientas sin útero, sin semen, solas como el origen del mundo.
Fantasma anafrodisíaco, quédate bajo el Sol pornográfico de tu sombra, no sabes que está lloviendo.


Mesonero, ahora sí, la cuenta por favor.

viernes 9 de julio de 2010

Variación






Las palabras entran por mis poros
y mi corazón golpea como pupila
vigilante transparencia de lo impenetrable.
¿Será lo no vivido que me mantiene despierto?
Y yo pensaba que todo era música
O Dios dentro del sonido
Tanto universo
¡Escucha soledad,
y responde!



*Fotografía: Evgen Bavcar.

miércoles 7 de julio de 2010

Más allá de la tristeza y del instinto
(Vuelapalabras con música de Mahler al fondo)




Y recordé estos versos de aquél joven poeta alemán:

No existe el día. Solo el que mata el propio cuerpo
el premio de la solución obtiene: la permanencia.
Stefan George

----------------Ayer resistía a la igualdad que hoy existo,
-------ayer resistía al silencio que se aventaja hoy
a la inocencia del viento
y digo “ayer” como si despertara para siempre,
como si el azar y la soledad se juntaran tibiamente,
como si la voluntad fuera la destrucción y el instante,
como si la superstición se confesara Dios,
como si todo existiera.
Ayer algunos hombres inventaron la moral y la ausencia de tus ojos
y mis manos destruyeron la continuidad de las cosas en su libre
estado de ausencia y permanencia en igual perfección;

huyo del hombre que ahora puedo ver en este encuentro entre las ruinas de los más hermosos sueños, pero estoy despierto, estoy vivo, y seré igual, todavía más igual al olvido: hermano incomprensible del tiempo.
Dejaré la creación quieta en la miseria, aunque en el cielo se escuchen los pasos de quien se asoma sólo para verme, es la misma serenidad al morir: mirar, mirar buscando el asombro, la redondez de lo oculto, el hecho eterno y sin eternidades, la imagen de mi cuerpo deshabitado; pero no perderé el tiempo contemplando la muerte como se hizo siempre hasta en el verbo que llamaba a la luz. Mi estilo es el instante, no la inmortalidad.