lunes 27 de septiembre de 2010

Sueño, pero la vida me conoce, soy lo que te mira por segunda vez, una palabra menos, el instante puro detrás de la máscara.

jueves 23 de septiembre de 2010


Escribir no tiene nada que ver con la literatura; Homero hubiese sido un gran director de cine japonés o también pudo haber sido Marmeladov esa tarde al salir de la habitación de...
Stendhal es uno de los mejores actores que he visto en mi vida, una actuación que pregunta, cámara lenta que cae con el peso de un caballo sobre mi ventana y allí estoy yo con mis ojos abiertos. Saint John Perse no calla (¿O se detiene la mirada?) mientras los espectadores escuchan el canto del no saber mirar y todo es Dios descolorido, ¿Dónde están las respuestas? Quizás por eso Joyce es tan nube desvanecida desde la espuma realidad de la palabra, nadie sabe qué hacer con la música ciega como con tanta escena en el isufrible de Proust (Proust quiso ser Goya con el movimiento del polvo). Joyce conoció a Proust en un restaurant en Niza, y le dijo: "¡Qué bueno los camorones!, ¿no?". Ya Tolstoi había muerto y convertido el aburrimiento en un Dios de mirada fácil. Se salva Cervantes que comenzó quemando libros. Dostoievski pudo haber sido Jesús en 33 segundos como el Quijote en el cine ruso; bueno, quizás 2 horas, pero sin la cruz y con el viento de la ceniza en un barco llamado "Dracma". También huyen los siglos asiáticos.

Escribir cada palabra como esas lunas mueven el espacio de mis ojos y el vacío ciego desnudo de mi mundo que no llegará jamás porque sencillamente hay palabras que son inimaginables, mucho más que nosotros mismos, accidentes absolutos de los días, alma gorda, silencio mujer, infinito límite.

¿Qué diferencia hay entre la vida, una imagen y todo el lenguaje?

Anoche soñé.
Ayer me neblinó la locura que me separa del silencio.
¿Si decidimos vivir, el lenguaje perdonará, vendrá, volverá, pasará?

Yo puedo verte, lector; eres tú mi alquimia como agua derramada sobre esta mesa.
Se esparce lentamente hasta caer en la gravedad de la semana pasada.
Un oído espejo es el sexo de los fantasmas, sonido placer de mi cuerpo blanco por todas partes. La paciencia del tiempo es carne muerta.


Pero insistimos en llamarnos Rubén, John, Irina, Miguel o Piedra Reverdecida y perdemos el tiempo con esas vocales imaginarias, los segundos. Duda retórica: ¿La muerte?

Amanecerá y haremos ficción; dialéctica y musical con la luz en el blanco de los ojos.

¿Ves la vida? – pregunté –.
Llueve.
Estas líneas acabarán por decir nada y lo peor de todo es que con ello me conformaría toda la vida: es la limitada certeza de sentirse vivo.


Fotografía: Escena de la película "Lights in the dusk", del director finlandés Aki Kaurismäki.

lunes 13 de septiembre de 2010

"Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!"



Poetas venezolanos, poetas de Valencia y Maracay, poetas que no conozco, como a Carmen Chazzin, otra: Nathalie Fajardo, poetas a las siete y media de la noche, poetas que respiran mejor que yo, poetas como "el odio de dios" (que no habla), poetas sin ti, sin mi, poetas que nacieron nada más para escucharme decir a las siete y media de la noche que prefiero a esos otros poetas que dejaron de hablarle a Breton para dejar de leer a Sócrates y esconder en sus bolsillos al doble espectador de tres palabras, entonces se van y ya no me hablarán a mí en toda la noche. André Breton es el hastío de Luciano Benetton, nada más. Pido disculpas, sé porqué, voy al baño de la misma forma que los peces de barrio marinero, regreso y encuentro la misma pantalla que me separa de este cuerpo de palabras con sus infinitos superficiales, pero sigo... Se tardan con mi otra cerveza mientras escucho a Néstor Mendoza recitar a Lezama Lima de memoria con su sinusitis de catedral, la piel de mulo en la garganta, con mi otra cerveza en su mano y el gerundio dos días después cuando el cerebro ya es moral del pasado; sin embargo, el vacío actor de Mariara tiene los ojos cerrados y se sabe que por fuera las palabras no existen hasta que Víctor Manuel Pinto se acerca y me dice: "Yanomecurabar", vuelve sobre sus mismos movimientos como la sed a las 3 de la madrugada. Moriturus te salutant -le respondo con todo el latín de un bachillerato en ciencias-, y aunque se escucha igual, nadie se da cuenta y todo sigue siendo verdad, como eso de que ya nadie habla latín; si no hay música, todos tienen razón.

Vuelve la página en blanco otra vez alrededor de mi pupila, traen mi cerveza, ahora nadie se habla, el silencio nunca fue más ridículo, todos beben de la misma sífilis de esa buena puta, la realidad.

Todos saben, no hay curas, sólo transfusiones para una vida deshonesta, diaria.

Alguien calla más que los demás, se levanta y de espalda va hacía el micrófono, pero nadie sabe todavía quien es. La palabra todavía tiene la palabra. Por ahora todo es imagen, por eso escribo lo que todavía...¿Eso seremos?

Otra cerveza: Presocrática.

Suena "Stella by Starlight" de Miles Davis y en ese mismo instante casi ausente llega Alberto H Cobo, ¡claro!, ausente, ha traído su Polaroid con su Octubre rumor todos los meses, "mucho" diría el destino, pero el mismo instante o el azar diría: mudo...¡Flash!...Comienza Carmen Chazzin.

sábado 4 de septiembre de 2010


Algún día todo será tan extraño que llamarán a la muerte "invisibilidad". Mientras tanto, hoy estoy tan aburrido que casi desaparezco.













miércoles 1 de septiembre de 2010




Me he levantado esta mañana, recuerdo como si fuera hace tan sólo unos segundos; el techo nublado que se me venía encima y las últimas líneas de la novela que estoy leyendo: “A lo largo de las declaraciones de los tres hombres que disparan en el patio…”, pero esa voz no resucita a lo otra voz, la verdadera, la materia que nunca calla. Hasta mis manos desaparecieron y sólo quedó el rumor de mis pensamientos entre la ciega posición fetal de mi cuerpo y aquella frasecilla de Kipling “La sangre clama en el suelo mientras forma pardos rombos bajo el Sol”…Y empezó las mil batallas, la lucha entre la oscuridad de mis ojos y la oscuridad de mi cuerpo desnudo, desnudo porque hace años no puedo dormir si mi cuerpo no mimetiza en mis manos como agua en el agua, como el blanco de los ojos y la materia oscura que se abre desde mi estomago hacia mi boca, pasa por el corazón.
Una pestaña es Miércoles, sentirse en el cuerpo, volver la razón hacia los dientes, el número inefable en mi sexo, mi voz antes de la piel, y las palabras como poros hasta el primer pensamiento para que todo se convierta en carne y hueso otra vez donde sólo quedarán estas palabras desnudas como mi cuerpo, desnudas de todas las palabras de este mundo, estas palabras que no se pueden soñar: “¿Podré escribir hoy?”.

Se hace todo nuevamente y vuelvo sobre estos signos, carne de viento, estos símbolos que no dejan al paraíso doblar el espacio y entrar por cualquier lugar del mundo (por una esquina de mis ojos), y todo es segundo como antes de dormir.

Es la limitada certeza de sentirse vivo…¿Poeta?

Pero no, todos estamos condenados a la misma relación con el mundo físico de la cual sólo se puede decir que no hay poetas, no hay poesía: es el infierno anestesiado en parpadeo, todo es cuerpo, sol y noche contra el cuerpo huyendo en las muchedumbres el sonido de las palabras y esperando de la música el perdón de todo lo que hemos hecho. Por eso, sólo quedan esos inútiles perseguidores de imágenes, esos que quieren llegar al orgasmo a través de una larga y morbosa historia de espacios y disfraces.

¡Hermosas adolescentes de cabellos largos sin glándula de lo infinito!

Todo es tan excesivo, una infancia perdida que debió perderse hace siglos y todo el mundo quiere hablar a la velocidad de lo invisible como la vida sobre la vida.
Callar al silencio una y otra vez:

Despierta, todo ya está concebido en mí, y se levanta mi cuerpo, uno a uno a tiempo mío porque cualquiera puede imitar a las palabras que describan cómo se abren mis ojos. No hay poetas, sólo actores:

Pos-moderno: Los días presionan el click de mis ojos apagados.

Retorica nerudiana: Sollozando las cosas por lágrimas invisibles.

Anti poesía: El colchón, la pintura en las paredes, la fe en el café.

Pop: Flash!!!, La foto salió movida, casi no te ves.

Surrealista: El cielo es un tiburón y la luz es la carnada en mis ojos.

Publicitario: Despierta, acábate.

Cortázar: Ahora ese hombre despertará.

Hollywoodense: No volverá a estar allí.

Enciclopédico: Un hombre no sabe pero despierta.

Post-poético: código genético cielo limite caos por esencia musical viento que dobla en la esquina.

Antes de cantar, soy un hombre de pocas palabras, el silencio sonríe.
Si la vida pudiera hablar, dijera: -Vete, tu rostro es mi rostro-.