viernes, 11 de marzo de 2011

La poesía es lo último que se pierde


Nunca nadie me dijo que lo inexplicable sucedería así, paso a paso, mirada constante en todo, de un solo golpe, haciéndose más y más como espejos encontrados, dentro, muy dentro, donde la oscuridad se amplía y todos, todos, absolutamente todos quedaremos solos en el asombro de vivir algún día por donde no pasa el pensamiento: sería como la voz, esa vecindad, sin vibraciones, reconocida sólo en los labios, allí, en las resonancias del reflejo puro del aire contra el mediodía encerrado en los pulmones y nuevamente el habla de los labios llega al cuerpo de todos los días haciéndose por fuera de la gran batalla donde luchan los segundos y el polvo de la piel muerta, asechándonos en la música que oímos sin darnos cuenta. Caen caballos como un día cayeron los mares, está lloviendo y a nadie le importa. Entonces, mañana serán muros. Cierro los ojos, del estomago al corazón sólo nos queda la boca. Me visto, desnudo desnudo, el ojo cerrado (Dios) me busca, pero es mi memoria en medio de la transparencia y lo visible que me persigue y al mismo tiempo desaparece. Lo sé. No me confunden las oscuridades del cuerpo, ni el día y la noche hartos de no tocarse pero al mismo tiempo árbol, beso, uñas, fruto dividido, sutura, humedad, destrucción, palpito, lluvia, borrador, cucharilla, ascensor.


Eso que está fuera de las horas, de lo que digo a tiempo mío, relámpago de la forma por donde pasa el vacio y rompe una fotografía sin que nadie diga jamás nunca nada, sin la blanca justificación de la metáfora, sólo mordedura de ser, glándula y gesto, situación, avestruz zigzagueando una línea infinita de fuentes invisibles. De repente, lo digo sin que nadie me vea: La vida son dos mujeres mordiéndome los pies.

Y yo, aquí, no siento, observo, mastican, no tengo ni siquiera que existir para seguir sombroso en lo que veo.
Pero soy fiel, iniciado en la contemplación no madura, de sucio viento, de aleteos que pájaros gigantes confunden el cielo y yo encerrado en los pulmones, en el corazón, en los ojos, en el sexo de la nariz al pie.


Miento sin que me vibren los órganos.
Cierro los ojos y nada.
¿Dónde estoy?


Dentro, muy dentro, soy ese mismo espejo colgado en la pared, dócil, puerta abierta, hasta morir por dentro y salir en forma de suceso.

Nací redivivo en la habitación pura de la vida que se hace más oscura, acercándose a los cuerpos mientras se hunden otras palabras, se hunden debajo de mis pies palabra conocida por palabra conocida y acaba en los baños, en el cine, en los hoteles, en los tribunales, en los hospitales mientras una enfermera limpia las heridas de desconocidos, mientras el pelo crece y los ángeles apocalípticos siguen el sonido de su risa hasta sus ojos, desde mi nariz hasta los pies, desde los últimos pensamientos.



¡Qué sé yo!



Nací, estoy aquí, lo he olvidado todo, comen el ser que se hace vivible en el sexo y sólo nos queda la boca en esas palabras poco conocidas, la experiencia de ese infinito limite acariciándonos el cuerpo que se va a morir algún día, pero nadie lo quiere creer y viven, breves, soñadores, en lo que ya han sentido otros, el mismo, nadie, mutilados.
Mundo mío, acércame a lo que nunca han vivido, yo que tengo el cuerpo cicatrizado, coagulado en el habla, neblinoso en las carnicerías, imaginado a gritos, parto de la nube, el universo gira cuando éramos niños y olvidábamos hasta que el corazón no reconociera nuestros rostros.
¿Sólo nos quedan los espejos? Esa repetición, ese nacimiento sin coito, ese espasmo de realidad, experiencia de la muerte, entrevista de la nada, dibujo de la inmortalidad burlándose de los niños jugando con el sexo de sus madres.
Qué miren el cuerpo mojado al salir de los espejos ¡Qué miren el espejo carnívoro de sus bocas!, que miren el ser desconocido aferrándose a sus dientes y a toda la piel que rodean sus ojos, hasta morir, hasta lo invisible, hasta que mi cuerpo desaparezca en todo lo que se ve y que hablen, fundamentalmente que hablen, que sus voces se apoyen en el vacío como en nosotros y que encuentren su lugar en el mundo, sus significados, sus afirmaciones, sus sonidos cosa piel.


Carnación
Carnadura
Ideal apacible de los huesos.


Todo nos parece obvio en lo que vemos, nos hace actuales, nos pregunta y nos responde hasta que la poesía es presente y el mundo se detiene hasta donde llega la piel, desde la memoria hasta los pies, continúa hasta el silencio, gime… el cuerpo es lo único que se pierde.





Fotografía: casiuninstante.

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