miércoles 30 de marzo de 2011
lunes 28 de marzo de 2011
Conozco este verso, sí, lo conozco, lo leí en un cuento de Cortázar, cuando leía a Cortázar, cuando las vocales vigilaban todas la palabras, cuando un hombre se levantaba de la mesa y la ficción empieza y termina una y otra vez, tendía la cama, ajustaba la correa al pantalón, tal vez con el recuerdo de las olas en una playa muy cercana a la ciudad, cosida en sus manos, entre los dedos, mientras fumaba el cigarrillo común e inolvidable que me viene de Turgeniev y pasa por esa adolescencia peruana de piscina o pizarrón (Bryce Echenique o Vargas Llosa); de repente, aquella vez, pasaba de pagina, leía como quien encuentra lunares mientras se baña, y allí estaba, en ingles de tatuaje, el verso de Dylan Thomas, “make me a mask”. Música seca, hastío de la luz en cerveza caliente, burbuja que revienta en salivazo a un Jackson Pollock, palabras de río y niebla juntándose tímidamente para terminar por fin en copula de afiche y muro, de sonido y campana, ahora ya bastante campana hiriéndose al otro lado de la playa, a la próxima estación del metro donde Johnny, El Perseguidor, dejó su saxofón debajo del asiento, al otro costado del pez o del verso, o quizás al otro lado del muro o del humo de cigarrillo en la Rusia del siglo XIX cuando las mujeres no tenían lunares. Leía y borraba, leía y borraba, la vida era un inútil misterio que se acababa en la inocencia real del tiempo, la tierra era plana como las espaldas de mis primeras amantes, leía, leía, leía y borraba, nombres y techos, leía por los hombres y mujeres que imitaban la vida, mi padre o mi madre, el detective tal, el corredor de seguros cual, el sacerdote francés enamorado, mi hermano, la muchacha de senos grandes de segundo de bachillerato que luego cambié por “la mujer de senos apacibles como la lengua de una vaca”, Risso, Mersaul, Santos Luzardo, las arepas en el budare. Nunca olvidaré que aquella vez pensé que algún día escribiría sobre lo que estaba a punto de adivinar: No dejaré sonar este verso por mucho tiempo, si dejo que ese sonidito ayuno de las cosas se me escape con la fuerza carnosa de la oreja pegada al espejo, empezaré a imitar ese ingles que siempre me sabe a litografía de Lautrec, que en español sería algo así como “veo un siento volar”, “las niñas bailan cuando lluvia”, “tambor jardín desnudo”. Por eso escribo como un enemigo que se va siendo por dentro, como un espejo roto de alas y mudo de pliegues. Quiero obtener la transparencia de los dibujos que he borrado. Ahora soy un hombre de cara triangular, me veo, los ojos y la imaginación columpiándose en la boca. Hazme una máscara.
domingo 20 de marzo de 2011
Mérida
Porque como todos sabemos,
ASÍ:
sábado 19 de marzo de 2011

Cuanto veo, lo trago inmediatamente
Tal cual es, sin empañar por amor o desagrado.
No soy cruel, sólo veraz:
Ojo de un pequeño dios, cuadrangular.
Casi todo el tiempo medito en la pared de enfrente.
Es rosada, con lunares. La he mirado tanto tiempo
Que creo que es parte de mi corazón. Pero fluctúa.
Las caras y la oscuridad nos separan una y otra vez.
Ahora soy un lago. Una mujer se inclina sobre mí,
Buscando en mi extensión lo que ella es en realidad.
Luego se vuelve hacia esas mentirosas, las bujías o la luna.
Veo su espalda y la reflejo fielmente.
Me recompensa con lágrimas y agitando las manos.
Soy importante para ella. Que viene y se va.
Todas las mañanas su cara reemplaza la oscuridad.
En mí ella ahogó a una muchachita y en mí una vieja
Se alza hacia ella día tras día, como un pez feroz.

domingo 13 de marzo de 2011


El silencio se hizo dios
En este, un espejo
Mas un millón de diamantes
Te acompañan en la noche.
Atravesándolo ves un pedazo de mundo
Que te recuerda a tu mundo
Cierra los ojos y respira
¿Ves a la gente? ¿Tu vida? ¿Tu mundo?
¿El pasado? ¿El presente? ¿El futuro?
Hay más
Recuerdas los pensamientos, ¿pero y los sueños?
Los deseos y las tentaciones.
Respira
Abre los ojos y mira hacia el espejo
Piensa, recuerda, siente…
Respira
¿Ves tú mundo malnacido?, ¿tus monstruos amigos?
Sentidos, resonancia, percepción, habilidad, sentimientos, música, imaginación, comunicación.
Algo más.
Esta en tu sangre
Te lleva de ti
Respira…
Lo sientes como se mueve
Respira…
El espejo te observa
Respira…
Lo sientes como se aproxima
Respira
Olvidas, pierdes, tú pierdes.
Respira…
Ya no sientes como debes
Respira…
lo logro
Respira…
Ahora ves…
Ahora ves con otros ojos.
Hola,
desgracia.
viernes 11 de marzo de 2011
Eso que está fuera de las horas, de lo que digo a tiempo mío, relámpago de la forma por donde pasa el vacio y rompe una fotografía sin que nadie diga jamás nunca nada, sin la blanca justificación de la metáfora, sólo mordedura de ser, glándula y gesto, situación, avestruz zigzagueando una línea infinita de fuentes invisibles. De repente, lo digo sin que nadie me vea: La vida son dos mujeres mordiéndome los pies.
Y yo, aquí, no siento, observo, mastican, no tengo ni siquiera que existir para seguir sombroso en lo que veo.
Pero soy fiel, iniciado en la contemplación no madura, de sucio viento, de aleteos que pájaros gigantes confunden el cielo y yo encerrado en los pulmones, en el corazón, en los ojos, en el sexo de la nariz al pie.
Miento sin que me vibren los órganos.
Cierro los ojos y nada.
¿Dónde estoy?
Dentro, muy dentro, soy ese mismo espejo colgado en la pared, dócil, puerta abierta, hasta morir por dentro y salir en forma de suceso.
¡Qué sé yo!
Nací, estoy aquí, lo he olvidado todo, comen el ser que se hace vivible en el sexo y sólo nos queda la boca en esas palabras poco conocidas, la experiencia de ese infinito limite acariciándonos el cuerpo que se va a morir algún día, pero nadie lo quiere creer y viven, breves, soñadores, en lo que ya han sentido otros, el mismo, nadie, mutilados.
Mundo mío, acércame a lo que nunca han vivido, yo que tengo el cuerpo cicatrizado, coagulado en el habla, neblinoso en las carnicerías, imaginado a gritos, parto de la nube, el universo gira cuando éramos niños y olvidábamos hasta que el corazón no reconociera nuestros rostros.
¿Sólo nos quedan los espejos? Esa repetición, ese nacimiento sin coito, ese espasmo de realidad, experiencia de la muerte, entrevista de la nada, dibujo de la inmortalidad burlándose de los niños jugando con el sexo de sus madres.
Qué miren el cuerpo mojado al salir de los espejos ¡Qué miren el espejo carnívoro de sus bocas!, que miren el ser desconocido aferrándose a sus dientes y a toda la piel que rodean sus ojos, hasta morir, hasta lo invisible, hasta que mi cuerpo desaparezca en todo lo que se ve y que hablen, fundamentalmente que hablen, que sus voces se apoyen en el vacío como en nosotros y que encuentren su lugar en el mundo, sus significados, sus afirmaciones, sus sonidos cosa piel.
Carnación
Carnadura
Ideal apacible de los huesos.
Todo nos parece obvio en lo que vemos, nos hace actuales, nos pregunta y nos responde hasta que la poesía es presente y el mundo se detiene hasta donde llega la piel, desde la memoria hasta los pies, continúa hasta el silencio, gime… el cuerpo es lo único que se pierde.
Fotografía: casiuninstante.

