lunes, 23 de abril de 2012


Yo soy un Dios fílmico




“Te ocupas de vivir o te ocupas de morir”, lo dijo Morgan Freeman en una película donde estaba preso por robar un televisor, pero quizás fue otra película, otro actor, otra escena, no lo sé, ni siquiera estaba viendo, cambiaba de canales como contando los segundos. A veces imagino que puedo detener el tiempo tomando fotografías al televisor con mi celular Nokia sólo para ver los mismos gestos, poses y miradas en la palma de mi mano mientras el mundo gira y se detiene, gira y se detiene y yo, yo los observo, observo las fotografías, a los actores haciendo su trabajo, su tiempo detenido, no el mío que pasa fuera de la imagen, de todas las imágenes, tiempo mío que ya es verbo hasta el silencio, si no, su tiempo y mascara. Siento que desaparece el lenguaje o cambia en la imagen que soy tantas veces en sus voces secretas como pliegues de una carnación ideal en abrazo dividido. Cantan, ríen, duermen, les hago dudar, actúan en mí, la humanidad nos observa, nos observan tres segundos, todo se confunde y yo corrijo, corrijo la vida que ya no está en su forma de limite y certeza, ya no es ese mundo perfecto de diálogos y ciencia, de todas esas historias que comienzan y terminan en el ojo, ahora están en mi mundo, vienen, pasan y vuelven en mi, frases que responden a mi frente en mis ojos cerrados, el nuevo cielo de mis pequeños seres. Yo soy un Dios fílmico. Pasan unos segundos más, el viento de mi habitación remueve espacio entre la moral, los cuerpos y la imaginación, alborota el calor y entre mis dedos nace la vida que continua en el flash chiquito que muerde la carne fílmica, la carne que he creado, carne de verbo detenido,  detenido de ver, de ver la vida pasar y no saber quien actúa, quien engaña, quien miente a estas horas, quien llama, silencioso. Estoy en mis manos, estoy en mis manos, estoy en mis manos a la espera de volver, quizás otra vez como hombre, como niño, niño valiente que siempre llega temprano a la escuela. Ser, ser algo más, una escena más, la vida, en mi, debajo de un árbol azul y ella llega, todos los actores del mundo morirán, existo.







1 comentario:

Alberto dijo...

Y todo sigue fluyendo. El tiempo de lo demás, el tiempo estancado y nuestro propio tiempo.
Un saludo y un gusto leerte.