viernes, 6 de abril de 2012

Poesía o nada
(No eres tú)



"¿Y si tuviera los ojos de quién me espera?"
(Es un verso que recuerdo mal, un verso sin poema: Picabia, Max Ernst o Soupault, no sé, supongo, imagino)






La noche que tiene labios cierra los ojos con un beso, sabré que el tiempo sigue allí, convertido en otra ciencia, la ciencia de quien espera. Pasarán los años, como ya pasaron, y la brevedad será el recuerdo, no al revés. Las palabras tendrán nuevos nombres: Lo inevitable, lo irreparable, lo incomprensible sucederá una vez más, -vienen, pasan, vuelven-, el instante será circulo roto como una llave en la cerradura. Veamos: El mundo ya es pasado que nos va quedando, -la puerta se cierra atrás-, y es el mundo de lo no vivido, donde tatuadores de la ciencia ficción, hacen de la irrealidad (¡tan necesaria como la locura, la honestidad y el amor!) calcomanía o dinero sucio. La puerta se abre y se cierra obsesionada como pared o edificio y tú en el cine. Hoy, los surrealistas son cazadores que llevan jaulas como perros que traen en la boca la presa del cuerpo vacío. Asan esa “carne”, se ve el humo a los lejos, sus caballos sudan alrededor del fuego, respiran lamiendo ya cansados por el viaje, vienen del secuestro, lo han logrado, el río ya no será metáfora, lo tienen amordazado; esa noche lo violan entre todos, ya mañana será una calle en Caracas, Barcelona o Helsinki. La puerta se cierra y es una esfera que rueda por pasillos vacios de niños y de mujeres, y de ovejas, y de cuadros de Picasso, y de panteras, y de gorilas, y de hombres y de números... Otra vez el pensamiento haciendo que la nada nada… ¡y la nada también!, pero en traje de baño, entre mucho dinero y dos palabras, dos palabras: “Son sueños”. La nada como palabra, nada más.
El tiempo se fue a bailar con esos habladores y entre globos de colores que revientan y callan, carne de mi carne, mama de los relojes, engorda, pesa y acaricia. Aquellos que no han muerto y aquellos que todavía nos hablan en sueños, esos sueños hechos de palabras, allá donde luchan el hombre y el Dios fílmico, los poetas buscarán alimento de ojos cerrados por donde el tiempo pasa y “soñar es saber”.
Contemplar será pronunciar, uno a uno a tiempo mío, todas las voces, cobrar al vacio, a esos habladores y a las cosas que son, que desvanecen y escasean, que apartan las horas y al mismo tiempo aparecen como el saber y no saber. Cambiará todo por el saber mirar como la vida y la muerte, esos clientes en los espejos, que no necesitan más dormir.
Las manos en los bolsillos… Memoria honesta: sueño.






Fotografía: casiuninstante.

1 comentario:

Susan Urich dijo...

Veo que te gusta Susan Sontag. Eso, automáticamente, gana mi simpatía. Gracias por leer, y comentar. Las primeras líneas de este texto me gustaron tanto que las cité en otra parte. Un saludo. Sigo leyendo.