martes, 1 de mayo de 2012


Inventando a Génesis Sánchez




 
El alma y el espejo están adentro. Tenía 16 años, callaba, reía con poquitos dientes, confesaba tener paciencia pero mostraba desinterés, nariz que se parece al olvido, boca que jamás había probado café, cabellos o parpado caliente y negro, ojos titilando: La vida no es una línea recta. Alguien más la acompañaba pero desapareció detrás de su perfil seguro. Los pasos desde mi habitación a ese día regresan hoy a cada una de estas palabras. La conocí. Llovió, no hubo necesidad de nada más, quizás un tropezón en la acera de al frente y otro al subir al autobús -la vida no es una línea recta-, pero nada más, ni si quiera hubo una frase, un gesto ni un movimiento que se llamara “tiempo”, “mañana”, “número”, “nos vemos”, “quiero”, “sueño”, nada. Los días inventarían a los días y ella, iconoclasta, acupunturista de los sonidos que pasan como gotas, fotógrafa de sus amigos, memoriosa como la carne y los huesos. Hablamos. Después, llamaría a ese instante “Árbol”, palabra viril como todo lo que diría después, pero su cuerpo jamás cesaría de parir, parir el instante entre el azar y la voluntad pequeñita de intemperie, tan humana como creer en el destino, tan humana como creer en el azar, tan  humana como las palabras más humildes, perfectas, “como una madre besando a un hijo”. Ha sido un parto difícil: Un niño o primer hombre creado mutuamente, sin lenguaje, sin palabras crudas (¿No todas las palabras son crudas?), carne al azar con el humo de mi cigarrillo todavía adolescente y universitario que pasa por las calles y pasillos que ya conozco, y ella, inmune, sin calles ni hijos, reclama, censura “los espejos morales que se atreven a sonar muy alto”, “Dios sonoro del placer”, “humo de lluvia”, pesado:

“engorda las vocales que me quedan”

Vocales incorrectas pero sin la promiscuidad del silencio, ese vanidoso espejo de la esperanza que nunca calla (-ahora lo sé-) y se abre desde la espalda hasta la boca, nato en ella, todavía ella, haciéndose una vez más entre lo que escribe o escribirá con manos que enseñan a cruzar la calle.  Depredadora y hervivora, víbora que puso huevos en lo visible pero se hace la muerta en mis ojos, sus dos muertes, una muerte tan grande como un cachorro ladrándole a una noria, otra que muerde sin ladridos.
Yo he  nacido sin la altura de todo lo que ya he visto pero la conozco, no se mueve mientras duerme y habla dormida con la frente: “yo pregunto si es grande el viento”.
Cotidiana por la convicción de ser,  ser lo único que nos queda: ¿Triviales?, quizás, o limite de sonido como los niños que aprenden a hablar y luego a escribir, infinito como las rodillas raspadas cuando caes del tobogán ya sin recuerdo de el último pupitre en que te sientas, trivial, común o vulgar, repetitivo, pero tierno, tan tierno como la ternura de ver, ver a secas, ver a CÁ-MA-RA LEN-TA el volar de un siento colibrí en el estomago con ganas de ser ojo, bisturí o gemido.
No dice adiós, lo arrincona, lo devuelve a las manos, allá donde el viento es respuesta y asegura el olvido o la memoria.
Silvia Plath, Anne Sexton o ese animal extraño de la Universidad Central de Venezuela, Martha Kornblith, y toda esa terapia de mujer convertida en poesía, toda esa mujer enamorada que quiere hacer daño, daño inconsciente, daño por rebelarse, enemigo de la carne y los huesos que venden en carnicerías de perfumes y algodón, allá donde van las esposas, las amantes y las profesionales sin motivo, destino de todas las mujeres de nuestro país, comentan una locura como maquillajes. Pero nuestra poeta, nuestra cantante, nuestra modelo, nuestra bailarina, nuestra fotógrafo, nuestra dibujante, (ella ha dicho que no es nada de eso), la ternura convertida en amiga, amante, madre o hija, nos dice sin la vergüenza que producen las terapias psiquiátricas: “No me crean cuando parezco ser inmortal; créanme ahora que soy tan débil como el mundo en general, como los espirales de mi espalda y los puntitos de los hombros del hombre que amo”.
Niña que me niño en el lenguaje que da, frases, versos, recuerdos, llaneza del sonido como su voz contando dedos, ¿Indecisiones?: 

Hay cosas que el hombre
debe decir con la boca abierta,
                       los párpados preñados
                       y las raíces desnudas,
                                          desnudeces.

La nuez de Adán mordida por mujer que comienza a acariciar el espectáculo de la vida y sin comienzos, sin nombres que la hagan así, nos dice: “Soy rigor del adulterio”, ese adulterio que es biblia fosforescente y que nos ha bautizado a todos en lo masculino que es contrabando y en lo femenino que es cárcel de contrabando, pero lo femenino que despierta como convicción, como esa niña en uno de los cuentos de Génesis que huye de la cristiana respiración de su madre y de todo aquel vacio que es ser mujer en el padrenuestro.
Hoy en día que quieren convertir a la literatura en absurdo con maquina Turing, en cinismo a lo Naranja Mecánica, en hipocresía sobria, en CocaCola preparada en casa, es descanso en la sonrisa para aquellos que venimos de la vida y sus picaduras de mosquitos, saber que estos 16, 17, 18, 19, 20, 21 o 22 años se escriben con la palabra “alma” y la remueve con la lengua de espuma por debajo de las piedras que piensan como sienten.
No hay una sola línea en Génesis que la califique, ni quiera esa descarnada manera de hablar de si misma basta, es ilegible como los errores de la inteligencia, de la inteligencia macho y hembra que decide ser lo que escribe, porque lo que escribe Génesis Sánchez es mascara de laberinto, dialogo, verso, guión, cuento, crónica, televisión, diario autobiográfico, burla, descripción de flash, desvergüenza sentimental, solitaria y sin bisutería, infancia atrevida que se lanza al futuro con los pechos desnudos de corazoncito mal sonante.
Las frases más hermosas son mujeres que se creen inmortales, inmortales porque son lo cotidiano, la traición o la venganza, esas “gracias que me haces cuando me cuentas”.  Sólo me queda la vida en su actitud de muchacha, muchacha sin pose pero muchacha hija, muchacha madre, muchacha sin voz, muchacha ciega, muchacha curiosa  sin ningún destino como todos los destinos del hombre sobre esta tierra. Génesis es fin, beso dividido: “No leas de mí; si lees que sea conmigo”.

2 comentarios:

lili majic dijo...

cuantas palabras Carrero... mucha belleza... pero a veces me pierdo

Elilith dijo...

Tu blog es muy curioso. De esos de los que ya no quedan, con un aire un poco de los noventa, cosa que me encanta y me parece adictiva. Tus palabras embelesan y atraen de un modo mágico.

Muchas gracias por el comentario en mi blog.
Besos infinitos. <3!