jueves, 26 de julio de 2012

Biografía
hasta las
11 de la mañana

 
La puerta estaba cerrada desde... Siempre cierra la puerta de su habitación todas las noches después del último baño del día mientras las gotas que caen por la espalda se evaporan de frío. Esas gotas y la puerta cerrada, inaccesibles a la razón, cuentan la historia de ayer que se podía ver hasta desde los sueños. Desperté. El tablón de madera y el pomo de cobre abollado permanecían intactos, juntos, mezclados en soldaduras, clavos, tornillos, bisagras e insectos que hacían las veces de miles de pequeños corazones en lo profundo de cada sonido cuando tocan a la puerta. Pum-pum. El piso cubierto de cerámicas negras y blancas tan perfectamente colocadas como en un ajedrez, el frío en la planta de los pies y el hombre medio desnudo que se levanta con una molestia en el cordón umbilical que está pegado al techo, suceden uno a uno, atados por delgados hilos del tiempo que cuelgan del extraño atractivo de las horas, tan delgados como el viento. ¿Qué pasa? –pregunto-. – La muchacha no vendrá.
El lavamanos está roto y el espejo me mira con esa cara de Goya que no me deja ni siquiera hablar solo. Rubén, aféitate, -pienso-. La barba azul y verde parece una fuente rodeada de arbolitos puesto por el alcalde nariz que ni siquiera respira cuando recibe dinero a las afueras de los tribunales, mis ojos parecen dos heridas de niño embarradas de café, ese cicatrizante que usaba mi madre cuando llegábamos de los parques y las plazas que aparecen en esas fotografías que están debajo de su cama.
El movimiento del frío ahora soy yo. Es muy temprano todavía para salir a comprar el desayuno, apenas abre la panadería y los gatos parecen la levadura que hincha la tristeza en esta parroquia de 187 edificios; uno de esos edificios, amarillo y gris con las patas rosa de paloma, en el cuarto piso, ventanas negras como en los carros lujosos, allí está, medio dormido todavía como un hermoso suicida que antes de saltar se ha prometido salvar a todos los arboles del mundo.
Se ha afeitado y tiene puesto el alcanfor marca “Foca Feliz”, le rodea el cuello como incienso o piel que vuela, el saco gris y el quinto mandamiento puesto como una buena camisa que le cubre la espalda desde el fondo de las entrañas hasta la madrugada siguiente quizás con un par de cervezas en la cabeza. La uñas parejas. El cabello y la frente ahora con los ojos puestos en el expediente  número 234.3. . .

Demanda:
Daños y perjuicios.

El cerro se está quemando. ¿Por qué no escribo sobre esto?, podría titularlo: Crónicas de la ceniza. Algo así como si la ceniza que viene lenta y tibiamente del cerro fuese mi cámara de video. Cerro-fotografía, video-ceniza.
Enciendo el piloto automático: baja escaleras, saluda con los ojos, sonríe, voltea, cruza la calle siempre debajo del árbol, al llegar pide un café, cuenta las monedas en el bolsillo, mira si te han llamado al celular, sube escaleras, ve a la izquierda, vuelve a mirar el nido de palomas encima del aire acondicionado que gotea sobre papel periódico ya verde de algas. Nuevamente las escaleras, el hombre que pide dinero para un cigarrillo, el árbol y el regreso, la cerca, las llaves apretadas en la mano abre la misma puerta de colores, los gatos cubiertos de harina, mis zapatos de cuero, el olor a orinas y la conserje de labio leporino que barre o me persigue. Llamo al ascensor, vuelvo sobre mis pasos como un conteo, pero con palabras: pasillo, manos, uñas comidas, llaves, la cerradura, cierro, dura, cerro, ser. La puerta se abre, sudo y sonrío.

2 comentarios:

HUMO dijo...

Impecable.Perfecto!!!
Letras encendidas ;)

=) HUMO

Alberto dijo...

Atrapa, y uno se queda con ganas de leer mas.