martes, 1 de enero de 2013

Dos palabras
(Persiana con sombra de árbol)


Dos palabras, esa íntima coincidencia del silencio
donde la música es un muro que atraviesa hospitales, cementerios y el recuerdo de la mano de un niño.
Dos palabras,
El aire es o será un insecto,
millones de ojos que abren y cierran como pasos y más pasos por calles y más calles, las mismas calles que vi crecer con mi amigos. Allí estaban, farmaceutas, padres y taxistas, viéndome ahora fumar con el Código Civil en la mano. Van, pasan y vienen en círculos como el dibujo, la erección o el humo de la transparencia. Regreso. Mi mano sobre el muro que ahora es el escritorio de una mujer, de un animal o de una palabra, allí están los papeles que borran lo que veo en este instante. La mujer o el animal reían confundidos.

Dos palabras,
la estatua de mar llegó a la playa.

Dos palabras,
Soñé que Dios estaba muerto.

Y las voces que abrían las ventanas es este azar empalagoso de dos palabras que no me deja ni pensar.
¿Pensar es ver?

Dos palabras,
hablador con una cámara fotográfica. 

Dos palabras,
Primero de Enero de 2013,
así serán nuestros hijos,
perseguidores,
batallas,
moscas de teatro,
conteo regresivo sin cesar 
en la historia que está en el polvo de la persiana, de la locura que me separa del futuro y me empuja a la piscina vacía que quería cuando niño, lento, caía como el hombre que ahora cree en el primero de Enero, el hombre desnudo de la muerte así de repente con los ojos abiertos frente a una máquina parecida a un árbol.



La escucho fabricar mientras nado y me persiguen las estatuas de mar con tierra en la boca. 
Noche, estoy en la ventana de mi cama, todavía escucho, escuchamos, cuenta el silencio la fabricadora, 
ramas y segundos,
todo se convierte en número sin vocales,
la alquimia del enemigo ciego, dos palabras.