martes, 29 de enero de 2013

Martes, un poema, un día más que le mete mano a la noche del Lunes.


 
HOSPITAL CENTRAL



 Reflejos que se separan lentamente de su cuerpo,

es el mismo rostro que me mira el pie
y los brazos y piernas abiertas del día
arrastrándose el sudor, ese sueño muerto y cristiano que brota de la piel,
más enfermos entran desde el mediodía.

Quema la sangre entre las uñas
Y el sepulcro ya es de mal gusto como todos los videntes de este mundo,
como quien fuera crucificado,
anónimo,
yodo en el pecho.

Perdido
en todas las aves que vuelan de lo inmóvil
sobre los abismos más bajos desaparecidos por la altura
de tu dios
en el cielo pegado en las paredes: No entre.
La soledad está prohibida por los hombres, nadie habla de lo que realmente es estar solo.

Dentro del bisturí, el ayer, y boca arriba, todavía es de noche
cuando se va la luz porque tiene asco de todo lo que se va a morir.
Es oscuridad con la lengua afuera mientras le meten mano a la mujer de la esquina apuñaleada con tanto amor que le dejaron los ojos abiertos.

Ese hombre se ríe y se va a morir.


Un silencio, dos silencios, tres silencios
Oxigeno, oxigeno, oxigeno
Hasta que vuelva otra vez el tiempo perdido
Eternamente tuyo y mío, cautivo, fiel, miedo al movimiento,
Todo, aquí, arrodillado frente a lo que me espera.
¡Tantos cuerpos desnudos!
¡Tanto universo!
¡Tanta propaganda del Sol!