martes, 12 de marzo de 2013

Georg Trakl

La poesía que nos hace ver, mirar, sentados y tragicos en la imaginación. Un joven adicto y guerrero escribe poesía en una cabaña de bosque a las orillas de un río. Es el tiempo de ese río y de la guerra que lo volverá aún más adicto al dolor y a esa manera de ser, callada, tranquilo, casi indiferente al silencio y al amor que le tenía una mujer en un hotel en ruinas. 




Leo a Trakl porque llueve, es una costumbre. Empieza a llover y digo que ya llueve, pienso en el error, en la muerte, en el instante, en la cocaína, en la morfina de mi abuelo perezjimenista, en este calor insoportable de apartamento de pobre y en una mujer que no contesta el teléfono porque tiene miedo a que la roben o la maten porque está hablando con un hombre que la es mirando. ¡Qué hipócritas son los asesinos y todo este maldito pueblo (¡Qué palabra tan hermosa!) que va a la escuela y a los tribunales con los mismos chistes y las mismas imágenes!

Aquí les presento yo a Georg Trakl, este poeta alemán que no ha muerto, que hace 90 años todavía espera una cama en el hospital, entre sábanas y bacinillas. Es un igual.
Es la misma ciudad, un pueblo muerto, el río que golpea la ventana.

Pero...


"...nuestro privilegio es, oh poetas
es mantener tenso el velo del canto
entre divinas tempestades
y entregarlo al pueblo."
 Georg Trakl


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