domingo, 19 de mayo de 2013



Una mujer



 ¿Cómo escribir sobre los golpes en mi cabeza, ese corazón atado a lo que no veo? ¿Pum-Pum? Tocan. Es ella que trae mi paranoia, la sacó a pasear y ahora la trae de vuelta. Está contenta, sonríe como enferma, pero está bien. Además, llega temprano: Domingo al mediodía. Puntualidad, como dice un amigo.
Hacen falta horas para escribir, escribir que llegas, que no es un sueño, que realmente estás allí con tus pies de niño, que me llamas desde el pasillo de luz vacía (las mismas metáforas), que abro la puerta con una sola mano y que me besas desde del estómago a la boca. Pero no, uno no se equivoca con las vocales, las horas son eso, semanas ya vividas que se cuentan como vocales, que me hacen perder el tiempo pensando que estuve allí, que no ha pasado nada, que me esperas, que podría ser como uno de esos domingos, que por primera vez terminaré de escribir algo que valga la pena, sonoro y contigo.
Demasiado realista, -dirías.






Fotografía: ...