miércoles, 18 de septiembre de 2013



Cuando veo que alguien besa a una enfermera, inmediatamente cierro los ojos y rompo las fotografías de todas las mujeres que he inventado. (¿Inventar es amar?). Tantos son los libros por leer que entre sus páginas guardo los rostros de todas esas mujeres como una siniestra y futura colección sentimental.


 Mi imaginación es una mala mujer.

Cada vez que rompo una de sus fotografías, ella enferma y contagia a quien besa en la puerta de su casa… uno a uno, mueren o espero que mueran.

Esta noche, por puro aburrimiento y azar,  leo Morgue, de Gottfried Benn, y allí está ella, una de ellas, la enfermera, en la página 10, en este poema:

KREISLAUF
Der einsame Backzahn einer Dirne,/ die unbekannt verstorben war,/ trug eine Goldplombe./Die übrigen waren wie auf stille Verabredung/ ausgegangen./ Den schlug der Leichendiener sich heraus,/ versetzte ihn und ging für tanzen./ Denn, sagte er,/ nur Erde solle zur Erde werden.


CIRCULACIÓN

La solitaria muela de una puta
una muerta sin nombre
llevaba una corona de oro.
Las demás se habían desprendido
como por un secreto acuerdo.
Ésta la extrajo el sepulturero para sí.
Porque, decía,
sólo la tierra debe volver a la tierra.